#6: "lagos"

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Jueves 15 de agosto

Era una llanura arida donde el sol se encontraba en el cenit,  la gente fatigada se sentó a descansar, uno de ellos no quiso hacerlo, por lo que siguió caminando haciendo crujir la hierba seca.

Intrigado por lo que veía y para asegurarse de que no era un espejismo siguió andando y no se detuvo hasta toparse con algo que no parecía tener explicación.

Llamó a los demás con un grito para que vieran la circunferencia perfecta que se imponía, en su interior había agua, el primero en llegar se arrodilló y usó sus manos a modo de envase para beber, sus labios rotos estaban a punto de sentir el líquido, no sucedió.

Una niña de no más de 6 años tiró un manotazo que hizo que el líquido se desparramara sobre el pantalón del hombre de los labios rotos.

Iban a abrir la boca para proferir regaños, pero pronto sus ojos vieron algo que solo la pequeña había tomado en cuenta, el agua estaba sucia, pero todos cegados por la  necesidad de beber no lograban verlo.

Peces flotaban boca arriba, se mecían entre las turbias aguas, pronto, comenzaron a aparecer más, tantos que era tan imposible contarlos como las estrellas del cielo, o los granos de arena del mar.

A lo largo y ancho del paisaje se divisaban muchos más, esta vez una anormalidad más sorprendió la gente.

Un hombre de tez morena que tenía un ramillete de paja en la cabeza se encontraba a la orilla de una de estas circunferencias, contaba con una enorme manguera con la que extraía la basura.

El agua parecía tan pulcra que los rasgos del hombre se veían reflejados con facilidad. Todos seguían con la mirada las acciones del hombre, nadie se atrevía a dar un paso.

Con gran esfuerzo el hombre del sombrero de paja siguió limpiando el lago, esta vez con pasos pequeños y  movimientos lentos, el tiempo transcurría y su energía se debilitaba, a pesar de esto él siguió haciendo ese ejercicio con cada uno de los lagos que encontraba, en una ocasión se volvió para observar el grupo que lo miraba desde hace un rato con detenimiento.

Cayó.
¿Se lastimó?
No.
¿Quería seguir?
Si.

Al tener en el panorama el anciano besando tierra, olvidaron los motivos extraños por los que no se le habían hacercado a él y lo ayudaron.

Problema: ¿a donde irían?

La solución llegó más temprano de lo que esperaban.

El viejo levantó su dedo y señaló a algún lugar en el horizonte, no pudo tenerlo mucho tiempo en esa posición, la manó arrugada y cansada descendió suavemente hacia su regazo, luego su campo de visión fue acaparado por el grupo, y lo llenaron de preguntas,
¿que hay allí? ¿Cómo llegamos? Estas solo un par de las centenares de incógnitas que escuchó el anciano.

Tantas preguntas una sola respuesta, un último suspiro.

Un oasis.

El hombre se fue al más allá, si es que existía un más allá.

La única opción en ese lugar, sin energía, sin comida, pero con una pizca de esperanza era seguir las indicaciones del difunto.

Así fue, se encaminaron hacía un paraje que podría no existir.
Horas antes de partir bebieron agua de los pozos, no se quedaron allí por el pensamiento de que al final del camino habría un lugar mejor.

Lástima por ellos.

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⏰ Última actualización: Dec 26, 2019 ⏰

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