Los cuarenta de Spencer

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El cumpleaños número 40 de Spencer se acercaba, y Jennifer deseaba que fuera especial, así que comenzó a escribir una lista de lo que podía hacer, pero ninguna la convencía. Estando un día en la oficina, se quedó viendo una foto de su familia en busca de inspiración cuando Dave se sentó a su lado.

—¿En qué tanto piensas, JJ? —dijo Dave sonriendo.

—En qué regalarle a Spence por su cumpleaños —dijo Jennifer sin mirarlo—. Quiero que sea especial; no todos los días se cumplen 40 años.

—Es cierto, pero ten presente algo —y te lo digo por experiencia—, ningún regalo será tan especial como el de hacerlo padre, en especial para alguien como Reid, que siempre dudó en serlo algún día. Así que cualquier cosa que le des será muy significativa...

—Tienes razón en eso —dijo Jennifer sonriendo—, pero eso no evita que piense en un buen regalo para él. Cada vez que cumplo años, él siempre me sorprende con algo, y cuando cumplí los 40 no fue la excepción. ¿Lo recuerdas?

—Fue una gran fiesta —dijo Dave riendo—. Todos la pasamos muy bien y te regaló un viaje al Caribe con tu madre para que descansaran.

—¡Y sí que lo disfrutamos! —dijo Jennifer riendo—. Nunca habíamos tenido un viaje solo para nosotras, fue un gran regalo. Es por eso que no quiero quedarme atrás...

—¿Qué es lo que Spencer siempre ha querido tener o hacer? —dijo Dave mirándola.

—Siempre ha soñado con tener un muelle y un bote en nuestra parte del lago —dijo Jennifer pensativa—. Hemos alquilado uno varias veces en los últimos años, además nos trae buenos recuerdos.

—¿Y tienes el presupuesto para eso? —dijo Dave seriamente.

—De hecho sí. Dado que no debemos pagar por la educación de los chicos, hemos ahorrado lo suficiente —dijo Jennifer firmemente.

—Entonces construye el muelle y compra el bote —dijo Dave sonriendo—. Si a ambos les trae buenos recuerdos, es el regalo perfecto.

—Tienes razón, pero ahora tengo un nuevo problema —dijo Jennifer sonriendo levemente.

—¿Cuál? —dijo Dave mirándola.

—No conozco a alguien que pueda construir el muelle —dijo Jennifer seriamente—, porque el bote se lo puedo comprar al mejor amigo de Peter, que es quien siempre nos ha prestado el que usamos.

—Yo me encargo de eso —dijo Dave sonriendo—. Creo que conozco a alguien que te puede ayudar.

—Gracias —dijo Jennifer sonriendo, y miró la hora—. Creo que si salgo ya, alcanzo a ir al puerto para hablar con Nick sobre el bote.

—Corre —dijo Dave sonriendo—. Apenas sepa algo, te cuento.

—Te debo una grande, Dave —dijo Jennifer tomando sus cosas.

—Un paseo en su nuevo bote sería un buen pago —dijo Dave mirándola antes de que se fuera.

—Cuenta con eso —dijo Jennifer sonriendo.

Un mes después, Jennifer tenía todo listo para darle la sorpresa a su esposo. Un amigo de Dave fue quien construyó el muelle de tal manera que Spencer no lo notara; Jennifer solo tuvo que mantenerlo alejado mientras este trabajaba. Cuando el muelle estuvo listo, Nick llevó el bote que Jennifer compró, pero este era más grande que el que siempre habían alquilado: tenía espacio para diez personas, una pequeña cocina y una pequeña sala bajo cubierta, ideal para que la pareja pasara un par de noches tranquilos.

—Chicos, ¿pueden bajar? —dijo Jennifer desde el pie de la escalera.

—¿Nos necesitas, mamá? —dijo Andrew llegando a su lado unos minutos después, seguido de sus hermanos.

Una vida juntos. (Editado)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora