—Lamento decírtelo de está manera Ariadne, pero ya no puedes decir trabajando aquí. Quedas despedida, lo siento—parpadeo incrédula ante sus palabras, mi cerebro se niega a creer lo que me dice en estos momentos mí ahora ex jefe, niego repetidas veces siguiéndole el paso.
—Escuché, no puede despedirme, yo... yo en serio necesito el trabajo, por favor—suplicó desesperada, puedo ver la lastima que siente por mi pero niega de la misma manera.
—Ariadne, eres una chica increíble, haces muy bien tu trabajo y no me puedo quejar de eso, pero lamentablemente ya no puedo seguir pagandote.—suelta un suspiro cansado— en serio lo siento, te daré lo de está semana.
Y dicho eso se va del lugar dejándome triste y asustada, como rayos iba a pagar las pastillas de mamá si me han despedido por nada. Ahora mismo lo único que quiero es llegar a mi departamento y llorar hasta quedarme sin lágrimas; estoy tan triste de perder mi empleo por falta de dinero, odio tanto el dinero pero lamentablemente dependemos de el.
Estoy completamente cansada de esto, todo lo hago por mamá que necesita de mi. Si yo no estoy, ella empeorará y se irá de mi lado para siempre, aquel cáncer de mama la ha matado poco a poco; me duele ver a mi madre en tal estado, luchando por su vida día a día.
A veces me pregunto que hice mal para que nos toque vivir esto, fuí una mala persona en mi vida pasada o tal vez lastime a alguien inocente. No lo sé, pero el destino me lo cobra de esta manera tan cruel.
Olvide también decir que tengo un hermano de doce años quien cuida de mamá todos los días, si, estoy lejos de ellos pero todo fue por darle una mejor vida a mi madre y a mi hermanito. O quice intentarlo al menos, las fuerzas cada días se me van y ya no se que hacer para seguir firme sin derrumbarme en el intento.
Mi familia, que son mi hermano y mi madre me necesitan ahora más que nunca, no puedo darme el lujo de abandonarlos; aunque por mí cabeza a pasado rendirse muchas veces. Pensé que si yo no estuviera ellos estarían mejor sin mí, pero me he equivocado tremendamente en pensar tal cosa.
Ambos necesitan de mí y yo no quiero dejarlos a su suerte, alzare la cabeza y pondré mí frente en alto para seguir adelante, al menos por ellos.
Ahora más que nunca necesitan de mí y no puedo hecharme para atrás, lucharé con uñas y dientes para darles una mejor vida. Estoy seguro que aquél Dios en que todos dicen creer no me ha deja sola.
Limpió las lágrimas que caen de mis ojos y me dispongo a recoger mis cosas, no mentire, estoy agotada hasta la médula. Pero la recompensa de saber que mamá está bien vale todo el esfuerzo que hago.
—¿Te despidieron?—escucho a mis espaldas y asiento sin mirarlo aún, lo escuchó maldecir por lo bajo pero no digo nada al respecto— Ari, tengo un dinero ahorrado y quisiera dartel...
No lo dejó terminar y volteo a él sería, Vincent, mi mejor amigo, me mira con preocupación sabiendo ya de antemano mi estado actual. No iba a permitir que me de ni un solo centavo, era mi amigo y lo quería mucho; pero no podía recibir nada ni abusar de su confianza.
—Vincent, gracias por querer ayudarme pero no quiero ser grosera.—digo mirándolo con tristeza, él intenta a hablar pero me apresuró a hacerlo yo— apreció mucho tu ayuda pero no, no aceptaré ni un centavo.
Término de sacar mis cosas de mi ex taquilla y las guardo en mi mochila con desgano, escucho a mi mejor amigo acercarse pero no me volteó. Es muy terco y se lo que dirá.
—Quiero ayudar, y no lo hago por tí Ariadne—dice con voz firmé, haciendo que me muerda la lengua para no responderle mal por que sus intenciones son buenas— lo hago por tú mamá, no seas orgullosa.
Tomó mi celular y lo guardo en mi bolsillo para girarme a él con lágrimas en los ojos, puedo verlo sorprendido pero las limpió con brusquedad por que no quiero que me vea así.
—No se trata de orgullo, no quiero darte mi responsabilidad y menos mis preocupaciones. Mi madre es mi responsabilidad y haré de todo por seguir dándole sus medicinas. Adiós, V.
Salgo del lugar sin dejarlo responder pero puedo escucharlo llamarme desde adentro, el cielo esta nublado y las gotas de lluvia caen sin cesar. En los Ángeles son pocas las veces que llueve y esta es una de esas.
Me colocó mi capucha cubriendome por completo el cabello y la cabeza, camino a paso rápido, no hay ningún autobus y no estoy para pagar un taxi. La calle esta nublada y no logró ver muy bien por donde voy, la lluvia me impide ver aquello. Camino y camino con el jodido nudo en mi garganta de haber tratado mal a Vincent, lo sé, él solo quiere ayudarme pero me da vergüenza que haga aquello.
Se supone que hoy era el día en que tenía que depositarle el dinero de todas las semanas a mi tía para que ella se lo haga llegar a mi madre, sin embargo, solo tengo la mitad que debo darle, mis lágrimas se confunden con la lluvia y lloro sin más. Lloro por no ser tan útil y poder darles un poco más, no llegue acabar mis estudios y ahora eso me pasa factura. Quién diría que por no acabarlos no tendría oportunidad alguna.
Mi madre se enfermo muy joven y tuve que hacerme cargo de mi familia, solo éramos los tres contra el mundo, mamá siempre vio por nosotros y cuanto daría por ser yo la que luche y no ella. Me duele tanto ver a la mujer quien me dio la vida en esas condiciones, me duele ver a la mujer feliz que solía ser tiempo atrás, me duele ver a mi preciada madre al borde de la muerte.
Me detengo a recoger aquél llavero que me regalo cuando supo que iba a irme de casa y mudarme a un departamento, lo veo en la pista tirado y hecho una maldición al aire dispuesta a recogerlo. Todo pasa tan rápido que no me doy cuanta el carro que viene con velocidad en mi dirección, una señora de edad avanzada grita en mi dirección pero estoy tan asustada que no le tome importancia alguna.
El carro frena con todas sus fuerzas antes de arrollarme y yo gritó temblando por tremendo susto, la gente que pasa se acerca y del coche lujoso sale una persona, no logró verlo pues mi cuerpo se desploma en el suelo y la anciana grita aún más asustada.
Siento a las personas rodearme pero alguien me agarra del rostro tratando de reanimarme, sin embargo no lo consigue y solo es su voz la que escucho antes de caer en el sueño de la oscuridad.
—No cierres los ojos, por favor.
Bueno, al menos ya se que es un
chico él que me habla.
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Wabi Sabi ©
Romance❝La belleza de la imperfección.❞ Ariadne odiaba las flores. Ashton amaba comprarle margaritas. Ariadne es muy reservada y... tímida. Ashton la quería presentar en sociedad. Ariadne no quería una relación. Ashton la haría cambiar de opinión. Ariadne...