Habían pasado diez meses desde que el pequeño Nicolás llegó a la familia Reid-Jareau, y tanto Spencer como Jennifer disfrutaban al máximo de cuidar a su nieto. El último bebé que habían tenido en casa había sido Eli, y eso fue hacía dieciséis años.
Desde hacía unos días, el pequeño había comenzado a sentirse mal; al parecer tenía un resfriado. Dado que Alisson y Henry estaban fuera de la ciudad por trabajo, ambos lo llevaron al médico, el cual le recetó medicamentos para que se sintiera mejor. Así, saliendo del consultorio, se encaminaron a la farmacia; lo que no sabían era que esa pequeña parada cambiaría sus vidas para siempre.
Mientras esperaban a que prepararan la fórmula, Jennifer decidió comprar algunas cosas para completar el botiquín, cuando de repente entraron dos personas armadas y les ordenaron a todos entregar sus pertenencias. Todos los presentes, por miedo a las armas, hicieron lo que les pedían; pero el instinto de protección de Jennifer la hizo reaccionar de otra manera. Sabía que la farmacia contaba con un sistema de alarma silenciosa y que al farmacéutico le sería sencillo activarla, pero la atención de los dos hombres estaba centrada en él.
Así que, sin hacer caso de los reclamos de su esposo, comenzó a moverse en dirección opuesta a la del farmacéutico. Al notarlo, los hombres le apuntaron.
—¡Quédese donde está! —dijo el hombre más alto.
—Solo necesito la medicina para mi nieto —dijo Jennifer con calma—. Su temperatura está aumentando y solo tiene siete meses. Es urgente...
—Me da igual si su temperatura lo hace explotar —dijo el sujeto—. Usted se queda donde está o pagará las consecuencias.
—Yo solo necesito esto... —dijo Jennifer estirando la mano.
Sin esperar más, el hombre le disparó, haciendo que Jennifer cayera hacia atrás y se golpeara fuertemente la cabeza contra un estante. Mientras esto ocurría, el farmacéutico accionó la alarma.
—¡Qué hiciste, imbécil! —dijo el cómplice, que no había hablado hasta el momento—. ¡Te dije que no dispararas por más que se pusiera feo!
—Me desesperé —respondió el tirador al ver cómo Jennifer empezaba a desangrarse—. Mejor vámonos.
Pero no pudieron llegar muy lejos, porque al salir al estacionamiento la policía los interceptó y detuvo. Mientras dentro de la farmacia reinaba el caos, apenas los sujetos salieron, Spencer se acercó desesperado a su esposa.
—Jennifer, por favor, despierta —dijo Spencer mientras intentaba contener la hemorragia—. No me dejes, te lo pido. Quédate con nosotros, por favor.
—¿Abu, qué le pasa a la abue? —preguntó Nicolás desde detrás de Spencer.
—Nada, pequeño, solo se cayó y se golpeó —dijo Spencer lo más calmado que pudo, y miró al farmacéutico—. En un rato despertará. ¿Por qué no vas con Jason y te tomas tu jugo mientras tu abuela se recupera?
—Claro, abu —dijo Nicolás antes de alejarse con el farmacéutico.
La ambulancia llegó en pocos minutos y se ocuparon de Jennifer rápidamente. Al salir del local, Spencer pudo ver cómo esposaban a los dos asaltantes.
—Denme un momento —le dijo Spencer al enfermero.
—Dese prisa, su esposa está grave y cada minuto cuenta —respondió el paramédico mientras la subían.
—Spencer, nosotros nos haremos cargo —dijo el oficial—. Ve con Jennifer. Y no te preocupes por Nick; Emma lo llevará con tus hijos.
—Gracias, Austin —dijo Spencer seriamente, sin dejar de mirar al hombre que le había disparado a Jennifer—. Pero antes de irme necesito hacer algo.
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Una vida juntos. (Editado)
FanfictionJJ y Will, luego de tres años de matrimonio y un hijo, toman la decisión de separarse. Según JJ, el amor se acabó, aunque ambos sabían que la verdadera razón era que se habían casado para darle una familia a su hijo, no por amor. JJ siempre supo que...
