Cuando Spencer llegó a la oficina del teniente coronel Zweig, la puerta estaba abierta.
—Pasa, doctor Reid —dijo Zweig desde su escritorio—. Es un placer verte de nuevo. Me enteré de lo que le pasó a tu esposa; lo lamento mucho.
—Sé que así es —respondió Spencer seriamente.
—¿Y a qué debo tu visita? —preguntó Zweig mirándolo fijamente.
—Quería pedirte un favor —contestó Spencer—. Quiero que me permitas usar el gimnasio de la base. Necesito despejar la mente con algo de ejercicio y lejos de los ojos de mis amigos.
—Si me pides esto, es porque algo pasó con ellos y te aseguraste de que no pudieran rastrearte —dijo Zweig con tranquilidad—, algo que rara vez te importa cuando vienes.
—Sé que esta vez intentarán seguirme; he estado algo extraño desde el accidente de JJ —admitió Spencer—. Espero que lo entiendas.
—Siempre he entendido tus razones —sonrió levemente Caleb—. Ven cuando quieras; nunca quedará registro de tu permanencia aquí. Mis superiores lo aprobaron, así que puedes estar tranquilo. Solo hay algo que me preocupa...
—No voy a usar armas, si es eso lo que te inquieta —interrumpió Spencer con firmeza—. Conozco mis límites, Caleb.
—Eso espero, Spencer —replicó Caleb con seriedad—. Si no te importa, te acompañaré un rato. He tenido un largo día.
—Solo si no me pides hablar de lo que me pasa, Caleb —respondió Spencer mientras salían de la oficina.
—Sabes que jamás haría eso —dijo Caleb mientras caminaban—, pero tengo una pregunta.
—¿Cuál? —preguntó Spencer sin mirarlo.
—Si hay algún cambio en el estado de JJ... —dijo Caleb con cautela—, ¿cómo podrán avisarte?
—Tú lo sabrás primero que yo —contestó Spencer con calma—, pero nadie sabrá de ti.
Estuvieron entrenando un rato en silencio. Caleb trataba de comprender la actitud de su primo, pero a cada minuto que pasaba la entendía menos. Sin embargo, algo en la mirada de Spencer le dio las respuestas que necesitaba.
—Spencer, sé que tenemos un acuerdo desde que teníamos diez años —dijo Caleb deteniéndose a su lado—, uno que nos ha beneficiado a ambos por más de treinta años, pero creo que es momento de dejarlo a un lado.
—¿Qué razones tienes para pensar en eso? —respondió Spencer sin dejar de golpear el saco de boxeo.
—Tú te estás olvidando de quién eres, y es porque JJ no está —afirmó Caleb con severidad—. Te estás alejando de tus amigos porque no quieres que te analicen y comiencen a tratarte diferente. Recurres a mí porque nada de lo que digas en estas cuatro paredes hará que mi trato hacia ti cambie; además, necesitas a alguien tan inteligente como tú para que entienda lo que pasa por tu cabeza.
—A veces pienso que el perfilador eres tú y no yo —rió levemente Spencer—. Con razón te llevas tan bien con todo el mundo y nadie es capaz de mentirte. Ambos somos chicos genios; ¿cuándo dejarás de decir que eres menos inteligente que yo?
—Me faltaron tres puntos para ser considerado un genio —sonrió Caleb—. La tía Diana y mi madre se entristecieron, pero eso no afectó mi futuro. Y ahí vamos otra vez: desviaviaste la conversación, primo.
Spencer decidió no hablar más. Sabía que su primo encontraría la manera de hacerle decir lo que él voluntariamente se guardaba, así que, con más rabia contenida, golpeó el saco con fuerza, apagando el pensamiento y dejando que sus impulsos tomaran el control.
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Una vida juntos. (Editado)
FanfictionJJ y Will, luego de tres años de matrimonio y un hijo, toman la decisión de separarse. Según JJ, el amor se acabó, aunque ambos sabían que la verdadera razón era que se habían casado para darle una familia a su hijo, no por amor. JJ siempre supo que...
