-Desearía no haberte conocido jamás -susurró sintiendo un ardor en la garganta. -Lo mismo digo - dijo el mayor, confundido entre el dolor de su labio y el dolor que sentía en el pecho.
Pero lo que ambos desconocían era que aquel sólo sería el primero de muchos encuentros que tendrían a partir de ese momento. Porque cuándo las personas están destinadas, hasta el más mínimo detalle logra que vuelvan a encontrarse.