¿Si levanté alguna vez a alguien que hacía dedo? Si. Una vez lo hice, era como que tenía una deuda pendiente con la sociedad o algo así. Siempre que veía a esa gente que esperaba haciendo dedo en la ruta 9 no podía quitarme de la cabeza cómo sería estar en el lugar de ellos, vagando por la oscuridad en el medio de la nada. Pasando frío, sobre todo en días de invierno.
Cada vez que iba a la mañana temprano llevando cargamentos de verduras de Uquía a Humahuaca y a Tilcara, pensaba en esa gente que necesitaba un empujón hacia su lugar de trabajo. Fue así que una noche me decidí y detuve mi camioneta frente a la primera persona que vi esa mañana de invierno. Era una mujer de pelo oscuro largo y suelto. No le pude ver bien la cara pero tenía pinta de ser una mujer joven. Tenía un vestido negro con una pollera bastante larga, como si fuera a ir a un evento o algo así. Al verla pensé que era una maestra de primaria lista para algún acto o algo así ya que estábamos cerca del 25 de mayo y porque es frecuente que el personal docente haga dedo en la ruta para llegar a su lugar de trabajo. La chica no dijo nada, no me preguntó nada, símplemente se acercó. El pelo le tapaba bastante la cara por lo que no podía ver su cara.
Yo desde adentro por cortesía le abrí la puerta para que entrara al vehículo. Ella solo se acercaba despacio y en silencio. Para romper el hielo en ese incómodo momento le pregunté para dónde iba. La mujer no me respondió, simplemente se dispuso a subir. La situación era bastante rara pero no tanto como para ponerme en estado de alerta hasta que vi algo que hizo activar algo en mi pecho, eso que hace que a los perros se les pare los pelos de la espalda. El pie que puso esta chica en mi auto no era un pie común y corriente, era algo... cómo decirlo... no era humano, era algo similar a la pata de un gallo... como las patas que se pueden ver en los huesos de cualquier dinosaurio en un museo de ciencias naturales.
Sin pensarlo demasiado apreté el acelerador. Mis sentidos dejaron de prestar atención a la mujer o a la puerta y ni siquiera a la ruta. La prioridad en ese momento era solamente estar lo más lejos posible del lugar. Recién cuando llegué a Humahuaca reaccioné y me fijé si no había quedado alguna pertenencia de la mujer en la camioneta.
Tal vez exageré y le hice pasar un mal momento a esa pobre chica. Tal vez lo que vi allí fue tan solo fruto de mi imaginación. Reconozco que no siempre descanso bien y que hay noches que ni duermo y en el trabajo subsisto mascando hojas de coca. Pero ese pánico que experimenté fue muy real. Nunca en mi vida me había sentido así. Siempre me pongo a pensar en esa oscura mañana y en esa extraña mujer. ¿Habrá sido humana? ¿Conviven otro tipo de seres con nosotros? ¿Será una mutación genética natural o de alguna especie de laboratorio que hay por la zona? Siempre termino haciéndome preguntas de este estilo y estoy seguro de que por acá se saben las respuestas pero la verdad que prefiero no conocerlas. Nunca me animé a preguntar, nunca me animé a saber la verdad. Cada vez que surgen esas dudas prefiero llegar siempre a la misma conclusión: Esa madrugada fue la primera y última vez que levanto a alguien de la ruta.
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Horror Tercermundista
HorrorUna serie de relatos de terror inspirados en vivencias de personas sudamericanas. Relatos basados en situaciones que le ocurrieron a gente que normalmente no cuenta con la billetera llena, con un trabajo en blanco, con un celular con crédito o con l...
