Marina se muerde las uñas de los dedos, nerviosa. Se encuentra en el asiento de acompañante del auto de su amor platónico, o como a ella le gusta decir, Galletita. Esta más que nerviosa, sus piernas no paran de moverse frenéticamente y sonríe cada vez que el chico habla.
- ¿A dónde quieres ir? - Le pregunta él.
Ella, metida en su mundo, apenas consigue rescatar las palabras de Galletita.
- Eh, no, bue-bueno... yo....
Está nerviosa. Nadie se imagina cuánto. Tiene la tentación de volver a su casa, tomar su adorado cuaderno y escribirle todo lo que su corazón exige soltar. Emoción, locura, adrenalina, ternura, felicidad, nerviosismo, ansiedad.
Y todavía no ha comenzado lo que podría llamarse "cita"
- ¿Te parece el Teens Coffe?
Marina repasa en su mente aquel local vintage, cuándo su papá la traía, y los momento que pasaban. Sonríe, feliz. ¿Quién hubiese imaginado que ella de verdad estaría saliendo con aquel hermoso chico de ojos claros? Nadie.
- Si, sería perfecto.
Lo perfecto hace a lo imperfecto. Medita sus propios pensamientos, y se relaja un poco. Quizá las cosas no salgan tan mal. Al menos no TAN mal, ¿No?
Uff, su cabeza está dando mil y mil vueltas. El resto del viaje pasa entre chistes del chico, y respuestas poco contundentes de Marina. No sabe que responder. Tiene miedo, muchísimo miedo. Podría decirse que es, oficialmente, la primera vez que sale con un chico. Jamás a tenido experiencia, y su madre no es de ayuda. Su tía sigue de novia, a distancia, pero no cree que conserve la cordura.
- Mari, estás muy rara. Me haría sentir mejor si me dices que te pasa. - Su comentario lo enternece, y sonríe.
- Estoy incómoda. - Se anima a decir.
El frena el auto, en medio del tráfico. Los bocinazos y los gritos e insultos de la gente se hacen escuchar, pero lo que menos hace Marina es oír aquello al ver como Galletita se quita el cinturón de seguridad y se inclina sobre ella. Se queda inmóvil, sin moverse, a centímetros de sus labios. Él la mira fijo, traspasando casi por completo los ojos de la muchacha.
- ¿Incómoda así? - Susurra.
Marina conoce esa faceta del chico, pero jamás creyó que la usaría con ella. Se pone colorada, y él, alejándose le guiña el ojo. En su interior, la chica baila de euforia, y no aguanta una sonrisa. Quiere contarle inmediatamente a su gran amigo, el cuaderno.
Un rato después, ya sentados en la dichosa cafetería, comienzan una charla. Es algo rara, ella está risueña, pensando en lo maravilloso que es aquel hermoso chico. A pesar de no dejar de mirar sus ojos y su preciosa sonrisa, si le está prestando atención. Su gracia y su frescura la envuelven, y su lado seductor la hace rugir de amor. Se muerde el labio.
El café llega, acompañada de risas y bromas. Marina está más que feliz. Explota en carcajadas al escuchar la tontería que el le ha dicho, y la mesa se tambalea. El borde de la mesa golpea el antebrazo del chico, haciendo que el café que sostenía en la mano cayera en sus pantalones. Marina, par abruptamente.
- ¡Dios mío, cuánto lo lamento! - Exclama, avergonzada.
El se ríe, pero ella sigue sintiéndose culpable. Se levanta, atolondrada, y con un par de servilletas en sus manos comienza a secarle el pantalón del chico.
- Hey, tranquila, está bien. - El chico esta tranquilo, aunque algo incómodo al tener a la chica tan cerca de... bueno... de.... ya, ya saben.
Ella, sin importarle, sigue secando. Se mueve rápidamente sobre el chico (Ojo, malpensadas) y sin tener la menor de las intenciones, le pisa el pie. El ahoga un grito de niña, y ella se tapa la boca con las manos.
- ¡Perdón, perdón, perdón! - Se disculpa.
- No hay cuidado - Responde él más tranquilo. Ella quedó sentada a horcajadas sobre él. En la cafetería no hay alma, así que él no se preocupa de que alguien los mire. Ella, no es tonta, y el calor vuelve a subir a sus redondos cachetes.
- Te juro que nunca fue mi intención, yo jamás quise herirte...
Marina está totalmente avergonzada. ¡Cómo puedo ser tan tonta!, se repite, agobiada. Aunque no quiera admitirlo, estar sobre Galletita, le encanta. Y eso le asusta.
- Lo sé, relájate Mar.
¿Mar? ¿Le dijo Mar? El corazón de Marina estalla, y golpea contra su pecho estrepitosamente. No sabe que cosa hacer, así que opta por lo primero que se le viene a la cabeza:
- ¡Lo lamento de ver... - Pero él, cansado de las incesantes disculpas de la joven, y de tenerla sobre él sin poder hacer absolutamente nada, la calla de un beso.
Marina, se sorprende muchísimo, y queda en shock. Unos segundos después, totalmente perdida entre la calidez de sus tibios labios, le sigue el beso. Envuelve sus brazos alrededor de su cuello, y el pasa los suyos por su cintura. Se besan tiernamente, disfrutando del momento.
Marina, está por explotar en cuanto siente la mano del chico meterse tras su vestido, rozando su trasero. Le agarra una punzada de culpabilidad, siente que todo el personal de la cafetería los está observando. Aunque debería quedarse tranquila, eso no sucede. Se siente excitada, feliz, y enamorada. Suspira entre los labios de su amado y mete sus dedos entre sus cabellos castaños.
No necesita más tiempo para permitirle el paso de su lengua, y es cuando ella cree descontrolarse. Pasa sus manos por el pecho del joven, y lo besa aún más apasionadamente. Él, confundido por la reacción pero encantado a la vez, se atreve a acariciar su vientre.
Marina, se asusta.
- Perdón... - Se disculpa, avergonzada nuevamente.
No puede creerse que aquello pasó. ¡Casi se enrollan en la cafetería! Y le encantó, le fascinó dejar su típico personaje, y volverse atrevida, saborear ese pasional momento. Pero no puede, sabe que está mal. Apenas comienzan a salir, y hacer eso tan de repente, y... ¡En un lugar público!.
- Pérdoname tú a mí, no quería incomodarte.
Apoyan sus frentes y sus narices se rozan. Ella sonríe, y se atreve a robarle un beso más.
- Mar... - Gime él.
- Dime... - Sonríe, recordando su película favorita.
- ¿Quieres ser mi novia? - Se miran a los ojos, y ella ve en él algo que jamás creyó que vería. Miedo, emoción, adrenalina, y... ¿Amor?
Marina sonríe, completamente llena de alegría, efusividad e ilusión. Le toma la cabeza por los lados, y riéndose, con el cariño más grande del mundo, le dice:
- Sí, sí, sí. ¡Me encantaría! Acepto, acepto ser tu novia Joaquín.
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Querido Cuaderno:
Novela Juvenil"Querido Cuaderno: Te contaré un secreto, uno que solo tu y yo sabremos, querido cuaderno... Me gusta Galletita"
