—Ben, detente en la esquina —habló Amelia a través del intercomunicador.
—¿Por qué?
—No sé de qué manera podría reaccionar... No quiero que te haga daño.
Benedict guardó silencio durante un par de segundos.
—Muy bien. Ahora dime la verdadera razón.
Amelia soltó un suspiro.
—No quiero que tú le hagas daño si él intenta hacerte daño.
—Así está mejor.
Se detuvieron en la esquina y ambos descendieron de la motocicleta. Amelia se quitó el casco y se lo entregó a Benedict, intentando ignorar el extraño nerviosismo que había comenzado a apoderarse de ella desde que reconoció la calle.
—Llámame si me necesitas —dijo Ben.
—Estaré bien. No seas dramático.
Comenzó a alejarse caminando de espaldas.
—Amelia.
Ella se detuvo.
—No voy a decirte que no entres —continuó él—, pero ambos sabemos que Hiddleston no es precisamente la persona más racional del mundo cuando se trata de ti.
Amelia bajó la mirada por un instante.
—No es un criminal, Ben.
—No dije que lo fuera.
Benedict se acercó y depositó un beso sobre su frente.
—Te estaré esperando.
Amelia asintió y comenzó a caminar.
A medida que se acercaba, la sensación de familiaridad se hizo mucho peor. Reconoció el portón, las ventanas y hasta algunos árboles del jardín. Todo seguía exactamente donde debía estar, como si su ausencia no hubiese significado absolutamente nada para aquel lugar.
Tocó el timbre.
Unos segundos después escuchó una voz a través del altavoz.
—¿Sí?
Amelia sonrió sin poder evitarlo.
—¿Omar? ¿Eres tú?
Hubo una breve pausa.
—¿Señorita Amelia?
—Hola, Omar Hameed.
—Señorita... no se imagina lo feliz que estará el señor cuando le diga que ha venido.
—Omar, no —respondió inmediatamente—. Por favor, no le digas nada. Solo déjame entrar.
El muchacho guardó silencio.
—Por favor.
La puerta se abrió. Amelia entró y lo encontró esperándola en el interior. Omar parecía genuinamente emocionado de verla y aquello consiguió que una parte de la incomodidad desapareciera.
—Es muy grata su presencia, señorita.
—¡Oh, vamos! ¡Ven aquí!
Abrió los brazos y el joven aceptó el abrazo con cierta timidez. Amelia sonrió. Había extrañado más de lo que pensaba algunas cosas de aquella casa y pasar el tiempo con Omar, sin duda, era una de ellas.
—¿Dónde está él?
—En su habitación. Recibió una llamada hace un rato y dijo que debía salir dentro de una hora. Subió a tomar un baño y cambiarse.
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Panacea Universal
Fanfiction❝El que jamás ha llorado y sufrido en soledad, nunca podrá entender cuan dulce puede llegar a ser el verdadero amor❞ ➤En lugar de una larga parrafeada contándote de qué se trata esto, prefiero dejarte algunos comentarios de mis queridas lectoras: ❝L...
