El cristal chocaba contra las paredes con una velocidad y continuidad que hacían creer que se estaba escuchando un mismo audio una y otra vez, sin descansar ni para tomar un respiro. Esa mañana Shouto se despertó con un respingo, cortesía de la furia de su... De Enji, dios lo liberase de llamarlo padre, y las molestas paredes finas de las casas japonesas.
Dando totalmente por perdida la posibilidad de disfrutar por un par más de horas de sueño, quitó las mantas que cubrían su cuerpo y colocó ambos pies en el suelo con pesadez, mientras que sus ojos se acostumbraban a tener que parpadear una vez más, y el adormecimiento se alejaba de él.
Acomodando la camisa de su pijama, dirigió su mirada heterocromática a su escritorio, entrecerrando los ojos para poder leer los números en el pequeño reloj que reposaba en su superficie. 07:08 am. Los números brillaban en verde, y si hubiera estado un poco más cansado hubiera jurado que se estaban burlando de él por no poder dormir hasta, mínimo, las diez, como acostumbra hacerlo los fines de semana.
Antes de resoplar y resignarse a tener que pasar todo el día encerrado en su habitación observando la pared o navegando en su celular, el poco adormecimiento que quedaba en su sistema fue reemplazado por una comezón inusual en su palma derecha. Sus ojos se posaron en ella mientras movía sus dedos y la entrecerraba, intentando que la sensación se esfumace, tal vez había dormido con la mano en una posición rara, pero al ver que la sensación no cesaba empezó a preguntarse qué estaba pasando.
Sabía que no podía tratarse de su poder, pues nunca antes había experimentado algo como eso y estaba bastante seguro de saber manejarlo en su totalidad, así que esa opción estaba descartada desde el principio. Tal vez algún insecto le había picado mientras dormía y por el cansancio recién se daba cuenta, pensó, pero descartó esa posibilidad tambien. ¿Qué clase de insecto pudo haberle generado tal sensación sin dejar ni un rastro de una mordida? Recargó su espalda contra la pared y siguió pensando y desacreditando posibles causas, mientras sus ojos miraban sin mirar su mano.
Para su mala suerte, Fuyumi, quién tal vez hubiera sabido qué hacer, no se encontraba allí, pues los sábados le hacía compañía a su madre durante todo el día, y su progenitor no era exactamente alguien a quien podría confiarle lo que le estaba sucediendo. Así que estaba obligado a investigar por cuenta propia.
El reloj marcaba las 07:30 am cuando el silencio invadió la casa tras que Enji lanzara la posible última pieza de su juego de vajilla, y sus pensamientos se disolvieron por completo. La comezón en su palma fue reemplazada por el comienzo de unas líneas negras desprolijas. Debería comenzar a asustarse, o como mínimo sorprenderse, pero los trazos que se mostraban lentamente en su mano solo lograron calmarlo. Tal vez era porque le recordaba a la primera vez que practicó caligrafía tradicional con su madre, sus trazos eran temblorosos por el pincel que a duras penas podía mantener en su mano, le tomó treinta minutos poder escribir el primer kanji de su nombre, su madre lo felicitó aún así y el carácter estuvo decorando su heladera por unos días.
El recuerdo le distrajo, y cuando volvió en sí, los trazos dejaron de aparecer, y "buenos días" lo saludaba desde su palma. De no haber sido por su falta de costumbre, se hubiera puesto a reír en ese mismo instante. —¿Buenos días? Si, como si eso fuera posible aquí.— Pensó, cínico, permitiéndose sonreír después. Sorpresivamente, al ver el mensaje la idea de investigar se esfumó y fue reemplazada por una tranquilidad foránea.
Su corazón golpeaba contra su pecho en un ritmo tranquilo, drenando todas sus emociones y pensamientos, para dejar en su lugar una sensación de pertenencia y relajación que nunca antes creyó sentir. Tan fuerte fue el efecto que sus músculos se rindieron ante él, su espalda chocando con la suavidad del futón en una posición algo rara, pero que poco le podría importar. Se sentía bien, satisfecho, se sentía importante, porque debía serlo si alguien, - o algo - pensó, se tomó las molestias de saludarlo. ¿No es así?
Se mantuvo por varios minutos en la misma posición en la que cayó, antes de recuperar por partes el control sobre su cuerpo, y obligarse a estar nuevamente sentado, acomodando sus pies en el tatami. Se dio un leve empujón hasta quedar parado, si una persona lo saluda, se espera que él haga lo mismo, es una parte básica de la buena educación, aunque no supiera muy bien cómo hacerlo en su caso.
—Tinta. — Murmuró luego de pasar un minuto con la mirada perdida. Si bien los trazos parecían estar hechos con tinta de caligrafía, supuso que la de un bolígrafo funcionaría de igual modo, y sin gastar más tiempo pensando, caminó hasta su escritorio para tomar el bolígrafo que se encontraba más cerca de su mano. Se extrañó por un segundo al ver el objeto, estaba complemente seguro que él no había comprado uno con un diseño de pequeñas bombas en toda su superficie, pero le restó importancia, posiblemente su hermana lo haya dejado allí para 'alegrar' un poco el ánimo, pues todos los demás eran de un simple color negro.
Guiado por su instinto, dejó que la punta de metal se deslizara por la piel de su mano izquierda. "Hola" fue lo primero en reflejarse, seguido de "Esto es extraño", en letras más pequeñas, que parecía una muy buena idea agregar.
El reloj lo sobresaltó, marcando la llegada de las ocho en punto con un pitido que de haber estado consciente de sus alrededores no le habría sorprendido. Tomándolo como señal para comenzar de una vez con su rutina matutina, devolvió el bolígrafo a su posición original y arrastró sus pies hasta la puerta de su habitación y por el largo pasillo hasta llegar a su cocina.
El olor de té verde y sopa de miso se coló por su nariz tan pronto como cruzó el marco de la puerta, haciéndole cerrar los ojos involuntariamente y respirar hondo para disfrutarlo aún más. Su estómago gruñó, tras casi una hora de haber esperado el desayuno, por lo que no tardó en hacerse con un cuenco de sopa lleno hasta el borde y una taza de té verde humeante.
Empezó a comer, sentado en la barra desayunadora, rodeado únicamente por los ruidos que él mismo producía al comer y el canto de los pájaros y la cigarras en los árboles de la lejanía. Sonrió dentro de la taza de té, la infusión calentando sus labios mientras la bebía, al darse cuenta de que era el único en casa.
Quizá sí sea una buen día después de todo, se dijo, y las palmas de sus manos adoptaron una calidez que pasó desapercibida por el de pelo bicolor.
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Ohayou | BakuTodo |
FanfictionEsa mañana Shouto despertó escuchando los gritos de Enji Todoroki resonando en las paredes de la sala. Pero antes de resoplar y resignarse a pasar todo el día encerrado en su habitación observando la pared, el poco adormecimiento que le quedaba fue...
