Bajo fuego y en familia

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—Chicos, es posible que hoy lleguemos tarde —avisó Spencer mientras desayunaban—. Tenemos evaluaciones en campo y aula.

—De acuerdo —respondió Eleonor con una sonrisa—. Yo iré a casa de tía Emily; me invitó a una tarde de películas.

—Y yo me iré con Emma a comprar algunos libros —añadió Andrew con entusiasmo—. ¡Por fin llegaron las ediciones que esperábamos!

—Si necesitan algo, nos avisan —les recordó Jennifer cariñosamente—. Y no olviden llamar cuando estén de regreso.

—Como siempre, mamá —asintió Eleonor.

La mañana transcurrió con total normalidad. Spencer impartía clases a un grupo de segundo año en un aula, mientras que Jennifer evaluaba a los de tercero en el campo de entrenamiento. Se encontraron para almorzar brevemente y volvieron con sus respectivos grupos. Sin embargo, justo cuando estaban por iniciar las pruebas, comenzaron a escucharse varias detonaciones a lo lejos.

Sin perder un segundo, Spencer guio a sus alumnos hacia un aula cercana con el apoyo del personal auxiliar, al tiempo que Jennifer hacía lo propio con los suyos en el extremo opuesto del campo.

—¿Spence? —llamó Jennifer a través de su radio portátil—. ¿Me escuchas?

Silencio absoluto.

—¿Spence? —repitió ella con tono más firme—. ¡Contesta, por favor!

Silencio.

—¿Reid? —la preocupación comenzó a filtrarse en su voz—. ¡Responde por el amor de Dios!

Silencio.

—Agente, dudo que su esposo pueda responderle —interrumpió uno de sus asistentes, mostrándole la pantalla de su teléfono—. No hay señal; al parecer, las detonaciones afectaron las torres de comunicación.

—De ser así, estamos en serios problemas —frunció el ceño Jennifer—. Será imposible saber qué ocurre afuera, cuándo será seguro salir o quién necesita ayuda.

—Entonces, ¿qué debemos hacer, agente? —preguntó uno de los estudiantes con nerviosismo.

—Esperar y mantener la calma —ordenó ella con firmeza—. Primero, aseguremos las puertas y ventanas por si alguien intenta entrar.

Mientras el equipo de Jennifer fortificaba el aula, Spencer hacía exactamente lo mismo con sus alumnos, plenamente conscientes de que su ubicación en el campo los ponía en una posición mucho más vulnerable.

—¡Jen! —insistía Spencer por la radio—. ¿Me escuchas?

Silencio.

—¡Jennifer! —la angustia se adueñó de su voz—. ¡Toma la radio, necesito saber que estás a salvo!

Silencio.

—¡JJ! —camino de un lado a otro en el aula—. Si esto es por mi comentario del almuerzo, lo siento... ¡pero responde, por favor!

Silencio.

Cuando Spencer intentó usar su celular para comunicarse con ella, su peor pesadilla se confirmó: la red estaba completamente caída. Estaban a su propia suerte; no sabría nada de su esposa, y ella nada de él, hasta que alguien lograra restablecer el orden.

Fuera de la academia, Andrew y Eleonor iban de camino a casa de Emily cuando las noticias anunciaron el ataque terrorista. Sin pensarlo dos veces, Andrew dio un volantazo en el primer desvío para dirigirse directo al complejo del FBI, sabiendo de antemano que la mitad de su familia correría hacia el peligro para ayudar.

Una vida juntos. (Editado)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora