Capítulo 1

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—Buenos días alumnos, hoy es una clase especial ya que tenemos un nuevo proyecto entre manos— 

Así es como la profesora inició la clase ese viernes 21 de septiembre.

Yo soy Laura, una joven estudiante de 17 años que está en su último año de bachillerato y sí, soy española.

La profesora de cultura esperó con los brazos cruzados a que el leve murmullo que se había levantado al dar el anuncio disminuyera y prosiguió.

—Nuestro instituto se ha puesto en contacto con una preparatoria de secundaria japonesa para iniciar un proyecto de cartas por correspondencia. —

De repente, se oyeron exclamaciones de desinterés y decepción por parte de los chicos y chicas que solían menospreciar todo evento cultural, pues solo estudiaban por obligación de sus padres. Pero yo levanté un poco la cabeza, mostrándole interés a mi profesora que, pese a ver el desinterés, prosiguió.

—Esta es una buena oportunidad para aprender sobre una cultura muy diferente a la nuestra, ¿y quién mejor para enseñaros que un adolescente de vuestra edad? Los que estéis interesados acercaos al finalizar la clase, os daré una hoja con más información y recolectaré vuestros datos para el proyecto. Ahora, que empiece la clase. —

Dicho esto, inició la clase con total normalidad.

Una hora después, tras finalizar esa tediosa última hora de clase, todos se apresuraron a recoger sus cosas para irse de regreso a casa. Yo me acerqué a la profesora y ella, tan amable como siempre, me dedicó una sonrisa.

—Hola Laura, ya me esperaba que vinieras a hablar conmigo, ¿te interesa el proyecto de correspondencia? —

—Si, así es. Me suelen gustar estas cosas. Además, se pueden conocer a personas interesantes. ¿Podría darme más información sobre la correspondencia? — Realmente quería hacer este proyecto.

—Por supuesto que sí. Mira, te explico. Este proyecto se iniciará el viernes que viene, dejando hasta el jueves de la semana que viene para que los alumnos de primero y segundo de bachillerato puedan apuntarse. El estudiante por correspondencia será elegido al azar, ya que la primera carta enviada será la del estudiante japonés al que le haya tocado tu nombre. En las cartas, podréis hablar de lo que vosotros queráis, aunque tienen que incluir algo de cultura, ya que en el examen final habrá una pregunta de respuesta opcional sobre la cultura de algún otro país. Solo necesitaría tus datos ya que la carta llegaría a tu domicilio, el instituto no se haría cargo de eso. El número de cartas que os podéis mandar cada mes, es indefinido, eso es cosa vuestra. El envío de la carta es totalmente gratuito y no habrá gastos, a no ser que la carta lleve algún tipo de paquete, en ese caso, se habrá de pagar un extra del bolsillo del estudiante, ¿entiendes? Toda esta información la tienes en esta hoja, y en esta otra tienes que poner tus datos. Eso es todo, y ahora corre antes de que pierdas el autobús de vuelta a casa—

—Muchas gracias por la información, le haré llegar la hoja de mi información. ¡Buen fin de semana! — Dicho eso, me marché corriendo mientras escuchaba su leve risa y lo que me pareció una despedida.

Llegué al autobús por los pelos, topándome con la mirada de desagrado del amargado conductor que nos llevaba al pueblo donde vivía.

Esa tarde pude comer con tranquilidad e imaginarme múltiples escenarios con mi futuro amigo o amiga por correspondencia, ya que no tenía entrenamiento. Porque sí, soy jugadora de voleibol desde hace 11 años, empecé en este deporte a los 6 y no está en mi lista dejar de jugarlo. Para mi desgracia, no he tenido un equipo muy unido que digamos ya que, al ser un club de voleibol público, la mayoría de jugadoras eran adolescentes engreídas que encontraban ese deporte idóneo para mostrar culo. Aun así, ese equipo me servía para entrenar y mejorar, para algún día conseguir un equipo de verdad en el que jugar. Aunque no podía quejarme, pues seguro que alguien en este mundo no ha tenido la suerte ni de tener un equipo, por muy malo que sea.

El fin de semana también pasó con tranquilidad, pues no había ningún partido, era el fin de semana de descanso. Le mencioné a mi madre ese proyecto de correspondencia y no parecía desagradarle la idea. Así que, con su aprobación recibida, rellené los papeles con la información, deseando que ese ansiado viernes llegara e iniciaran las cartas por correspondencia. 

Amigos por correspondenciaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora