Al filo de medianoche se oían los incesantes ruidos de la lluvia, truenos y relámpagos caían por todo helston. Marie por la calle, su cabello negro se encontraba todo mojado, pero no tanto como su ropa, ella camina con prisa pues era demasiado tarde para que una joven como ella estuviera afuera, si seguía así probablemente terminaría con un resfriado.
Acelera la velocidad de sus pasos sin llegar a correr pues siente que alguien la sigue ya hace varias cuadras atrás no le da mucha importancia , tenía peores preocupaciones, debía llegar donde su abuela, la misma se encontraba enferma y ya todos sabían que sus días estaban contados, Marie siguió caminando, tenía un mal presentimiento, pero debía llegar rápido con su abuela, ella era lo único que importaba para Merie.
La próxima traeré paraguas se repetirá Merie, a lo lejos el cielo nocturno fue iluminado por un gran rayo, un estruendoso trueno se escucho por todo el lugar logrando que más de uno se despertara, la lluvia parecía no acabar era incesante, algo que ningún habitante de Helston ha vívido antes.
Marie ya no caminaba ahora corria preguntandose porque la casa de su abuela quedaba al otro lado de la ciudad. Era muy peligroso para ella seguir con su camino, la fuerte tormenta no daba señales de parar en unos minutos, al contrario pareciese que nunca tendría fin, definitivamente magaña dejaría un gran desastre.
Con miedo seguía su camino la chica pelinegra, caminaba a paso acelerado aun tenía ese sentimiento de ser perseguida, Merie siempre se considero una chica tímida, invisible y torpe. Y sabía que si un ladrón la asaltaba en estos momentos sería casi un fin definitivo.
Se armó de valor y volteo hacia atras. Estaba en lo correcto, un hombre alto apariencia esbelta con un gran sombrero negro un abrigo del mismo color Merie no pudo distinguir su rostro ese hombre era el que la seguía desde hace cuadras atrás, ella quería correr, no lo hizo estaba tan pálida y paralizada que no podia mover ni un solo dedo, todo su ser temblaba, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo logrando estremecerla por completo ella ya sabía quebpas cosas estaban mal, y el ya sabía lo que esa noche le haría.
Merie seguía paralizada en la calle, la lluvia no sesaba, y con gran esfuerzo unas pocas palabras salieron de su boca: -¿u-sted qui-en es?
-Calla eso no importa espeto el hombre. Lo importante es que al fin te encontré Merie, dijo con una sonrisa perversa que no se distinguía muy bien en la oscura noche...
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