Anaxkolasi
El chico entra con el sonido previo de una campanita, encuentra los mismos vivaces ojos azules, esa mirada juguetona que cargaba de adrenalina su sangre y le hacía sentir nuevamente como un adolescente cachondo intentando seducir al amante de paso. La misma sonrisa que hace un ligero hoyuelo en su mejilla y promete las más oscuras fantasías que ningún hombre podría imaginar, no hasta vivirlas con su flexible figura.
Pero es todo lo que queda del pasado, cenizas de un fuego intenso consumido, ahora sólo mira un fantasma que va por la ciudad con el rostro de su amante.
Slade x Dick