Hola... Pasaba por aquí para decirte unas cositas...
Sabes, a veces la vida parece ensañarse con el tiempo de uno. Y aunque nunca imaginé tener que explicarte un silencio tan largo, siento que te debo esta verdad, porque jamás quise que mi ausencia sonará a olvido.
Desde diciembre todo se volvió una cadena de accidentes, hospitales, huesos rotos y días difíciles. Primero fue el accidente laboral: dos costillas fracturadas, una pierna rota y la otra lastimada. Cuando apenas intentaba levantarme de eso, vino el choque de autos… y otra vez el cuerpo se rompió, esta vez fue la mano derecha, la clavícula, y por supuesto, la mano izquierda, en tres partes, fue doloroso, y hermoso a partes iguales, loco, ¿no? amante de los huesos hasta cuando son los míos los rotos.
Entonces las cosas se prolongaron, fueron meses enteros detenido mientras el mundo seguía avanzando sin mí. Me sentí tan miserable, impotente e irritado, tanto así que me volví el tipo de paciente que todos evitan como la peste, quería salir corriendo del hospital, nunca imaginé que querría huir del lugar que se supone resguarda la salud de uno, ahora prometo seré empático con los pacientes desesperados, porque ya viví en carne propia lo que es eso, horrible.