en algún momento de mi vida creí que el fuego ardiente que cargo en el pecho nunca sería adecuado para este mundo frío y hostil, que la devoción hambrienta que anhela mi corazón siempre sería rechazada y me obligaría a sostener un dolor eterno en las manos y el estómago. ¿qué somos cuando no estamos amando? ¿cuál es el objetivo que nos ancla a la tierra?
sin embargo, ahora que las lunas de octubre brillan sobre mi cabeza y mi desordenada vida, me encuentro amando a un hombre que ha sentido lo mismo que yo durante años, que no teme adorarme y sostenerme entre sus brazos cuando la vida se pone difícil, que ama mi alegría y comprende las nubes grises que se ciernen sobre mis ojos cuando la soledad llama a la puerta. ¿cómo no amar un alma así? ¿cómo sería posible no desear la eternidad misma hundida en sus ojos oscuros?
escribirle una y mil maneras de predicar mi amor por cada parte de su ser, de lo que soy cuando con calidez me acurruco en su costado, ¿cómo negarme a una vida entera a su lado?
hace años una boda a los veinte sería una alucinación, ahora no me estoy quejando.