AndRrMonster
Hombre lleno de orgullo y altivez, siempre ha sido así. Cortante, envidioso, malintencionado, caprichoso. Un soberbio, el más grande de todos (y el más guapo, según él mismo). Jamás mira hacia abajo; su orgullo no se lo permite…
Su estado de ánimo puede variar: algunas veces animado, burlón, contento; pero en otras ocasiones, cuando su mente se desvía o permanece en un estado de rabia o ira, él sabe lo que siente, sabe manejarlo. En realidad no le importan las consecuencias de sus actos, puede hacer lo que sea.
Nadie lo detiene porque nadie se atreve. Sus palabras cortan como filo recién afilado, y su mirada (cuando decide posarla en alguien) pesa como una sentencia. No pide perdón; jamás lo ha hecho, y no ve razón para empezar ahora. Para él, el mundo se divide entre quienes lo admiran y quienes aún no han aprendido a hacerlo.
hay algo en su soberbia que roza la soledad: un trono no se comparte, y él lo sabe. Pero lo prefiere así. Prefiere reinar solo antes que compartir el suelo con los demás. Un hombre que no para de tragar, que arrasa con cualquier cosa. Y esto no solo se expresa con la comida: se define en todos los términos. Él nunca deja el plato con sobras. Y sin embargo, hay una bondad falsa en él, una que nace de la lástima, no del cariño. Te quiere alimentar como si fueras un perro hambriento, porque así es como te ve.
ItalySelbstmord
@ AndRrMonster No hay contexto pero continúa esto omg, esta muy entretenido.
AndRrMonster
Alemania levantó la mirada de forma lenta, sin cambiar de expresión. como si regresaran de muy lejos, arrastrando consigo algo que no quería traer de vuelta. No dijo nada. Le daba vergüenza, terror y angustia para él este dia era el peor castigo del mundo estaba arrastrando la agonia de la noche anterior, ese punto de despersonalización desconocía por completo. Sus propias manos como mente estaba completamente dividido por sus actos, Ningun sentimiento o idea justificaba el hecho de arrebatarle la vida a alguien,
AndRrMonster
¿Te gustan? Le dije a mis criadas que te hicieran miles de ellas. -
Inclinó ligeramente la cabeza hacia el joven, al otro lado de la mesa. Intentaba concentrarse en la carta, pero una parte de él quería prestarle atención al contrario, sostener una conversación casual, ligera. Al fin y al cabo, para el zar aquel era un día como cualquier otro. No tenía nada de especial.
Con su mano izquierda fue buscando la taza de té negro. Metió su dedo dentro del asa, dio un sorbo, con la taza aún rozándo su boca. Movió los ojos hacia arriba, lentamente, para apreciar a su verdugo de confianza. Un suspiro relajado se le escapó entre el vapor de la taza. Creía sentir algo casi indecente en la calma con la que lo observaba. Esa mezcla de horror y devoción que solo él parecía inspirarle. Enderezó su postura, bajó la taza chocándola levemente contra la mesa, y volvió a preguntar:
¿Te gustan? o no las has probado? son muy ricas, son mis favoritas. -
Observó al joven, absorto entre las trufas de chocolate. Se notaba la disociación del alemán. la mirada fija en un punto que no existía, los párpados apenas parpadeando, algo dentro de él se estaba retorciendo del remordimiento sin avisar. Su mente estaba perdida en otro lugar, y el zar lo observaba con la fascinación fría de quien estudia un perro herido: sin compasión, solo curiosidad.
desvio su mirada otra vez a la carta.con una sonrisa un tanto peculiar,
Alemania… -