Cavalieer

Si la muerte me lleva a las sombras, en tu sombra me encontraras. Adornaré el camino con tus recuerdos y esperaré por ti, para que la luz de tu alma ilumine mi camino al paraíso una vez más. 

Cavalieer

Agacho la mirada para no ser visto.
          Tienes todo lo que me enamora y eso es todo lo que me destruye.
          De lejos viste un caballero con armadura. 
          De cerca tienes a un hombre simple, marcado por las batallas.
          Si quieres al caballero tomalo, pero no tomes al hombre simple que soy, si él es destruido, no podré usar la armadura que me permite sobrevivir al mundo y luchar por aquello que amo.
          Agacho la mirada para no ser visto.
          No podría verme débil, a merced del sentimiento que tanto he evadido.
          Como podría mostrarme débil si incluso en mis sueños libro batallas que todavía no he ganado.
          No puedo detenerme, no puedo reír, no puedo llorar, no puedo anhelar la paz si es la guerra mi mayor talento.
          Por eso agacho la mirada, tu calma consuela mis pensamientos y en esa planicie crecen flores que no sé cómo cuidar. 

Cavalieer

Todos dicen; ahí está.
          El amor
          La familia
          Los amigos
          Las posesiones.
          Pero no logro ver ninguna atadura que me mantenga anclado a todo esto.
          Simplemente no puedo ver ni una sola razón.
          Sigo respirando por pura disciplina.
          Pero si llega a agotarse, creo que estaré feliz y en paz.
          Todos dicen que es el camino de los cobardes. 
          Pero yo veo libertad.
          

Cavalieer

De las pocas cosas eternas de las que pueda tener una pizca de conocimiento, de ninguna estoy interesado. Me niego a ser polvo, no me apetece reposar dentro de un cajón, simple y rudimentario.
           Quiero que mi carne sea tierra y mis huesos abrazados por raíces de catleyas. No quiero velas, no necesito luz, hasta un ciego puede ver el cielo con solo ver hacia arriba.
           Pero sin alas no se puede volar, dijo el turpial, en tal virtud es menester que sus oraciones me lleven al descanso y los pétalos del araguaney dancen con el viento del llano. 

Cavalieer

Temo que mi juicio haya sido invadido por el vil egoísmo, miserable, echó raíces en mi corazón y abrió sus cristales, no está roto, está adherido a las calumnias desdeñables de un sujeto abnegado, bandido él, sólo toma lo que quiere con tanto desdén que el descaro es su prenda favorita. 
          Bendita odiosidad, que bendita es en su expresión virtuosa, la misma que repele mis intentos por reparar el daño que otros causaron. 

Cavalieer

Debía irme...
          Pero me quedé. 
          Al ritmo de la tormenta bailé con la calamidad, poseído por sus encantos, ojos marrones y finos labios. 
          Debí irme...
          Pero me quedé. 
          Adicto a la melodía que esbozaba sus rasgos, fui absorbido por la esperanza de aquel que solo puede beber de un solo vaso. 
          Debí irme...
          Pero me quedé.  

Cavalieer

Todos persiguen sus sueños, pero yo persigo mis miedos.  
          Busco lo que más me aterra y me echo al cauce de la incertidumbre con el único propósito de avanzar entre colmillos y garras. 
          Hay sueños que se hacen realidad, pero cuando una pesadilla se materializa, soy aquel que se alza sobre la calamidad. 

Cavalieer

Pese al frío y la soledad, el sonido de la lluvia me brinda su melodía y el diluvio acompaña mis penas para que nadie me vea llorar. 
          No estoy triste, no estoy llorando, son las aguas de los recuerdos que vierten momentos que ya no son iguales, sobre la misma tierra donde nacieron. 
          No somos los de antes. 

Cavalieer

... el verdadero terror no está alineado a la acción subjetiva de lo inesperado, en realidad no tememos a nuestro asesino, al animal que nos asecha en la noche o al precipicio que nos depara una muerte trágica. Tememos al inmodificable e intransigente final. 

Cavalieer

La historia más triste, es aquella que nunca se contará. Cuanta alegría, cuántos personajes, batallas y viajes que jamás conoceremos.
          Las historias deberían cantarse en tonadas que jamás olvidemos, cantarlas y cantarlas para que nadie las olvide.