Sé que estas palabras en tus manos te parecerá una locura. Sé perfectamente que jamás has leído una sola de mis páginas, que no conoces mis historias y que para ti soy una completa extraña. Pero yo a ti sí te conozco. Te conozco a través del refugio más sagrado que compartimos: la tinta. He leído tus novelas, me he sumergido en tus historias y he visto cómo plasmas tu propio dolor en cada letra que escribes, desnudando tu alma en cada punto y aparte.
Hoy me detengo como escritora, pero sobre todo como un alma que te admira, para darte las gracias. Gracias por no rendirte. Gracias por ser tan fuerte y valiente, incluso cuando sentías que el mundo entero se te venía encima y que el aire te faltaba en el pecho. Sé que ha habido noches oscuras en las que quisiste soltar el bolígrafo, apagar la mente y simplemente rendirte. Pero no lo hiciste. Convertiste tu sufrimiento en arte. Mírate, sigues aquí, respirando y resistiendo.
Aunque no nos conocemos en persona, quiero que sepas que desde mi rincón del mundo te apoyo. Yo siempre apoyo a los ángeles de letras como tú, a esos escritores que sangran en el papel para sanar a los demás. Y si cierras los ojos por un segundo, quiero que mires hacia atrás. Piensa en ese niño que fuiste, el pequeño que sufrió en silencio y que no veía una salida. Quiero que sepas que ese pequeño hoy está increíblemente orgulloso de ti, de ver en el hombre tan fuerte y lleno de coraje en el que te has convertido.
Por favor, promete que vas a seguir escribiendo y luchando. Tu voz es necesaria. Cuando sientas que las fuerzas te fallan por completo y necesites un respiro de tus propias batallas, te invito de todo corazón a leer mi novela, "Corazón Sin León". Ven a perderte en mis páginas. Deja que mi historia sea el abrazo físico que hoy no puedo darte y el recordatorio eterno de que tu corazón, aunque herido, late con la fuerza de un verdadero guerrero.
Gracias por seguir aquí. Y si nadie te lo ha dicho estoy orgullosa de ti.
Jheikat Duso.