Parte 2
—¿Así que si te sorprenden pueden besarte? —Su reclamo resonó con un tono de celos evidente, haciendo que el momento se volviera más incómodo.
—¡Claro que no! Yo me hice a un lado, nada pasó… —Recordé las acciones de Félix ¿Por qué no le partí su madre por intentar besarme? Luego recordé a la rubia que tenía Osvaldo ayer y una oleada de enojo me invadió—. Y además, ¡mira quién lo dice! El agarra manos tres mil, ¿con qué cara me reclamas? —Me crucé de brazos, desafiante.
—¿Eh? —La expresión confundida de Osvaldo solo alimentó mi frustración. Era un pendejo.
—¿Eh? —Repetí su gesto con sarcasmo. La rabia burbujeaba dentro de mí, lista para explotar en cualquier momento. ¿Cómo se atrevía a reprocharme algo? Si él andaba así con aquella tipa desconocida.
—¿De qué hablas? —Me miró con confusión, pero yo solo quería darle un chingadazo y sacar todo este resentimiento que había acumulado desde ayer.
—Ah, ¿ya se te olvidó? —Mi voz temblaba de ira, apenas controlando el impulso de lanzarme sobre él y darle un golpe.
—No entiendo de qué estás hablando —La voz de Osvaldo sonaba confundida, pero sus ojos mostraban una chispa de preocupación, como si supiera perfectamente a lo que me refería.
—¿De verdad? Ayer no andabas agarradito de la mano con una tipa —hablé sin pensar, estaba molesta con él y no pude resistir mis impulsos. Él abrió los ojos y se quedó mudo; su reacción me hizo enojar aún más—. Olvídalo ¿quieres? yo no tengo porque meterme en tu vida y tú tampoco en la mía —Mis palabras salían cargadas de frustración, sintiendo cómo la tensión se elevaba con cada segundo que pasaba.
Me levanté para ya no decir nada más, la estaba cagando, pero es que no podía resistir el coraje que me daba pensar que él ya estaba con alguien más. Tal vez solo era su amiga y yo estaba como pendeja sobreactuando todo. Se supone que él y yo intentaríamos ser amigos, no tenía por qué reclamarle por andar con alguien, estaba soltero, no me debía nada. ¿Por qué me dolía tanto?