itsdulcemp

No éramos la pareja perfecta.
          Y qué bueno.
          
          Éramos algo más difícil de nombrar:
          una coincidencia que regresó
          cuando ya no se suponía,
          una conversación que no forzó nada
          y aun así lo dijo todo.
          
          Nos miraban y decían
          que había conexión.
          Como si fuera evidente.
          Como si algunas cosas
          no necesitaran explicarse
          ni justificarse.
          
          Yo te decía muñeco
          porque el cariño es así de imprudente,
          porque a veces uno adopta palabras
          como quien dice
          “no pasa nada”
          cuando sí pasa.
          O te decía Josué,
          porque tu nombre me gusta
          y decirlo
          se sentía correcto.
          
          Éramos sarcásticos,
          medio irónicos,
          medio cuidadosos,
          como quien ya sabe
          que el corazón no es juguete
          pero igual lo saca tantito
          a ver qué pasa.
          
          Y un día se me escapó un “amor”.
          Así. Sin permiso.
          No fue promesa
          ni plan a futuro.
          Fue reflejo.
          Como cuando estornudas fuerte,
          o cuando dices “te amo”
          antes de tiempo
          y luego piensas:
          chin.
          
          Ese mismo día
          las cosas se dijeron solas.
          Yo con cara de
          “trágame tierra”,
          y tú con esa calma
          que no ayuda nada.
          
          Todavía tengo ganas
          de decirte amor.
          Me dan ganas
          y me da pena.
          Como si esa palabra
          siguiera teniendo poder
          aunque nadie la reclame.
          
          Ese día entendí
          que hay palabras
          que salen antes que el miedo,
          y verdades
          que no piden permiso.
          
          No éramos perfectos.
          Pero éramos reales.
          Éramos de esos
          que empiezan rápido
          porque no saben fingir despacio.
          
          Y si el destino vuelve
          a hacerse pendejo,
          ni modo.
          Pero que no diga
          que no lo gritamos,
          aunque fuera bajito,
          aunque fuera con risa,
          aunque fuera con miedo:
          
          Aquí hubo algo bonito.
          Y eso,
          ni el tiempo,
          ni la vergüenza,
          ni los “chin”,
          lo quitan.
          

itsdulcemp

Odio los viernes por la tarde
          y llegar cansada al final del día,
          pero hoy seguía la rutina
          cuando te encontré
          recostado bajo la luz blanca,
          confiando.
          
          Pensé que era el reflejo del foco,
          ese brillo inevitable
          que aparece en los ojos
          cuando uno mira hacia arriba.
          
          Pero luego sentí el mismo destello
          prendido en los míos,
          y entendí que no era la lámpara,
          ni el cansancio,
          ni la coincidencia.
          
          Y pensé que, en realidad,
          los viernes no me han hecho nada,
          y que las tardes
          no están tan mal,
          las tardes también guardan milagros pequeños.
          
          La felicidad -
          o algo que se le parece-
          no vive en las historias largas
          ni en promesas que duran años,
          sino en estos instantes mínimos.

itsdulcemp

Me miras con los ojos del •quizá• como si aun estuviésemos a tiempo. Pero ¿a tiempo de qué? Pude sentirlo y aun te siento, aunque todavía lejana, quizá sea por un tiempo o quizá toda la vida y llegue a ser completo.
          
           Y sinceramente ya no sé dónde quedas mejor,
          Si en mis besos o en mis versos.
          
          Haciéndome creer en el destino, cuando para mi solo es un frecuente recurso literario que queda muy bien en los poemas que hablan de mágicos encuentros casuales.