—¿Ya viste que medio instituto está obsesionado contigo? —soltó Roier con fastidio mientras cerraba su casillero de golpe.
Spreen, recargado a un lado, ni siquiera se inmutó.
—No es mi culpa ser lindo.
—“Lindo”, dice el imbécil. Das miedo.
—Y aun así me estás hablando.
Roier chasqueó la lengua. Desde que Spreen había llegado, todo el mundo parecía girar alrededor suyo. Las chicas suspiraban, algunos chicos intentaban caerle bien y otros simplemente le tenían miedo. Y lo peor era que él actuaba como si nada le importara.
Con esa cara perfecta.
Con esa actitud horrible.
Con esa manera arrogante de mirar a todos por encima del hombro.
Era irritante.
—No entiendo qué te ven —murmuró Roier.
Spreen sonrió apenas, inclinándose un poco hacia él.
—Tú sí.
Y eso fue exactamente lo que más le molestó.
Una pequeña inspiración de lo que va a ser la próxima historia…