Hoy es un día que me deja un sabor extraño en la boca. Hace 32 años, un 6 de agosto, nací.
Por mucho tiempo fue un día que esperaba con ansias. Más que Navidad, más que Halloween, fiestas patrias o Año Nuevo.
Pero mientras iba creciendo, me iba haciendo adulta, me di cuenta de que durante el 6 de agosto el mundo no se detenía.
Las responsabilidades seguían. Los exámenes en la universidad solo se acumulaban. El trabajo no terminaba, solo se podía posponer y si es que se podía.
Luego, llegó alguien que me enseñó a que puede ser un día fantástico, si estás con las personas correctas.
Pero ahora, esa persona no está en mi vida. Y creo que justamente es por eso que tengo un sabor amargo en la boca.
No diría que la quiero en vida otra vez. Pero extraño esa sensación de ser feliz con cosas pequeñas, manuales y baratas.
En fin, quizás lea esto.
Y si lo hace, solo quiero decir: Gracias.