APUNTE 14 DE MI DIARIO NO TAN DIARIO
Hoy le hice caso a Noir y me llevé la pistola al parque, por si acaso aparecía la paloma de barrio bajo. Para sorpresa de nadie, apareció de nuevo con la navaja en la mano y esta vez no solo me pidió las semillas, sino también la cartera. En situaciones normales, soy un cobarde, pero un cobarde con una pistola es una persona peligrosa. Así que la saqué y apunté a la paloma delincuente y le dije que, si no se iba, le iba a volar la tapa de los sesos.
Para mi sorpresa, la paloma no se asustó, sino que sonrió de manera torva y se acercó a mí pasito a pasito. Entonces, colocó el cañón en su frente y me dijo con un susurro amenazador: «Adelante, hazlo. Que tú no sabes quién soy, que estoy muy loco, que en el autobús del colegio me sentaba en la parte de atrás».
Esas palabras me sonaron de algo, de que las había escuchado en algún lado. Entonces me di cuenta de que conocía a la paloma: ¡no era ningún pájaro, sino un individuo disfrazado! ¡Uno al que conocía porque era mi amigo de la infancia, Cisco!
Entonces le dije quién era yo y vi que me reconocía. Luego de eso ya se pasó el mal rollo y nos fuimos a tomar unas cañas a un bar de por ahí. Cisco se había hecho marinero después de acabar el insti, pero las cosas no fueron bien una vez que navegaba cerca de la isla de Antemosa porque allí cantaban las sirenas. Se lanzó al agua y fue hacia ellas; la cosa no fue tan mal, porque se casó con una de ellas y tuvo tres críos.
Lo malo es que, por giros y golpes del destino, acabó teniendo una deuda bastante grande con la mafia griega y tuvo que huir dejando atrás a su mujer sirena y a los niños. Ahora trabaja como paloma delincuente para intentar pagar la deuda porque los griegos tienen secuestrada a su familia.