Reychelcampos
—La necesitamos, comandante Wesley.
Aquellas palabras atravesaron todas mis defensas.
Porque durante meses nadie me había llamado así.
Nadie.
No Ana.
No novia.
No aliada.
No civil.
Comandante Wesley.
La mujer que había trabajado toda su vida para llegar hasta ahí.
—Si está arrepentida...
Mi respiración se detuvo.
—Todavía puede volver.
Silencio absoluto.
—Su puesto sigue existiendo.
Mis ojos comenzaron a humedecerse.
—¿Después de todo lo que hice?
—Después de todo.
La respuesta fue inmediata.
—Porque sigo creyendo que pertenece aquí.