Es verdad que no estuvimos hablando los últimos meses, pero eso no me quitará del cuerpo los recuerdos de cuando si lo hacíamos y muy seguido, carajo que eras el único que entendía mi fascinación por SAO, cuando los demás solo se limitaban a criticarlo. No sabes cómo te quise en ese entonces, al ver que alguien más apreciaba de la misma forma un mierdon como obra y destacaba tanto lo malo como lo bueno de esta.
Cuando hablábamos sobre el proyecto que teníamos, las incontables llamadas grupales, las risas que nos sacábamos con las ocurrencias que decíamos, viste tanto de mí que eras de los pocos que llegaron a entender mi ser.
Mientras más lo recuerdo, más me duele que te hayas ido, me duele el no haberme despedido o siquiera, haber tenido una última charla contigo, una que por más trivial que sea, hubiera agradecido tener para este entonces.
Vivo en esta realidad donde ya no estás, donde no te puedo saludar, bromear, hacerte reír con mis tonterías por más idiotas que sean. Pero más me duele, pensar que te fuiste tan joven, que no pude cumplir esa fantasía de tener reunido a todo el grupo. De ir a visitarte, abrazarte y pasar un buen rato juntos, cara a cara.
Quisiera vivir con ese sueño, esa realidad, ese mundo donde aún estás acá, un mundo de mentiras que quisiera crear, pero simplemente ya no estás.
Este fue mi desahogo, el lamento de un amigo, mi querido Omar, descansa tranquilo, yo te mantendré en mis recuerdos. Donde aún estarás vivo conmigo.