SoyAereaTargaryen

Es curioso verte aquí, prima, fuera de los rincones en sombras donde sueles esconderte. Casi pareces cuerda bajo esta luz, aunque todos sabemos que la sangre de Rhaegel corre por tus venas como un río desbordado. Dicen que tu padre baila desnudo por los pasillos de la Fortaleza Roja, celebrando un juicio que solo él puede escuchar. Dime, ¿tú también oyes esa música en tu cabeza?

SoyAereaTargaryen

Oh, Aelora... qué rápido has aprendido a afilar la lengua. Me alegra saber que oyes la música, el silencio absoluto sería aburrido, y tú eres demasiado hermosa para ser aburrida. No te equivocas, hay un lenguaje que solo entendemos los que compartimos el vientre con nuestra propia tormenta. Creeme cuando te digo que no hay correa más corta, ni música más ensordecedora que la que nace de una sangre que es idéntica a la tuya. No me asustan tus grietas, prima, estoy hecha de las mismas. Mantén tu apariencia de cordura si eso te divierte, pero recuerda, después de todo, ¿qué es un dragón sin un poco de caos?
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SoyAerionTargaryen

Qué inusual encontrarte aquí, Aelora. Tan lejos del alcance de tu padre. Imagino que el olor a desesperación y delirio se volvió demasiado intenso incluso para ti. Dime, ¿sigue pensando que las paredes de la fortaleza le susurran cosas?

SoyAerionTargaryen

Ah, sí… las consecuencias. Pensar en ellas es una vulgaridad mortal que no me permito, pues mi voluntad no entiende de raciocinios que no sean el mío, algo que ya deberías haber notado si fueras la mitad de perspicaz de lo que presumes, prima mía. Quizás el legado de tu padre ha terminado por nublar tu juicio, dejándote solo ceniza donde debería haber fuego, el triste y único rastro de dragón que habita en ti. ¿Sabes? Resulta curioso cómo la gente suele alardear de una consciencia frágil, convencidos de que observar el fuego los mantiene a salvo de su dominio. Mhm. Pero no seas insensata, Aelora. Suele ser esa vana confianza la que empuja a los incautos a las fauces de lo que no pueden controlar. 
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SoyAerionTargaryen

Cuán jocosas resultan tus palabras, hablándome de fuego desde la penumbra de un padre que ya no conoce ni su nombre. Mhm... En ese caso, presumo que es natural que hayas cruzado el reino movida por tu curiosidad hacia mis hazañas. Los ojos buscan instintivamente el fuego de un verdadero dragón ¿No te parece? Tu curiosidad es una debilidad que me halaga, prima mía.
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