SoyRobertReynolds
¿Qué pasó? ¿Qué hice?
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¿Qué pasó? ¿Qué hice?
¡Aetheron! Hey, sí pudiste aparecer hoy. Qué bueno… de hecho, estaba esperando verte. Gracias por la felicitación— y estoy cumpliendo treinta. Ya estoy todo hecho un anciano, ¿no crees? Tal vez pueda obtener el descuento de tercera edad en el cine.
¿Dónde estás? Hace rato que no pasas por la cafetería.
Oye…
Qué traes.
☆
Los ojos de Bob viajaron de la gasa al rostro de Aetheron; buscaban algo en su mirada, quizá la razón de su amabilidad, cuando por su propia torpeza muchos ya lo habrían abandonado con una nariz sangrante. Tras unos segundos de aquel breve trance, su mano se extendió y tomó la gasa, sintiendo el material ligero entre sus dedos.━ Me arde al respirar. ━comentó, con la voz un poco más grave, pero también más honesta. Siguió las instrucciones dadas y pronto la gasa comenzó a retener el líquido rojo. Una vez más, la mirada de Reynolds buscó la del contrario, como si intentara aferrarse a una forma de seguridad en él. Luego asintió y suspiró por la boca antes de comenzar a acompasar su respiración con la de su acompañante. Al principio funcionó: doloroso, sí, pero el alivio llegó poco a poco. Y entonces… Robert lo sintió.━ Quiero estornudar. ━advirtió, con la voz ahora levemente temblorosa. Se quedó inmóvil, tenso, como un animal en alerta.
El castaño asintió de manera casi imperceptible, procurando no moverse en exceso para no agravar su nariz afectada por la caída.━ Seguro. ━respondió ante las indicaciones contrarias. Aquellas palabras se repitieron una y otra vez en su cabeza hasta que, finalmente, las puertas se abrieron. Robert fue el primero en salir del elevador; el aire estéril y frío del ala médica los recibió, acompañado del leve zumbido constante de los aparatos en funcionamiento. Frente a ellos se extendía un largo pasillo de habitaciones médicas, vacías, bañadas por una intensa luz blanca.━ Es aquí. ━dijo, haciéndose a un lado mientras deslizaba la puerta de vidrio para permitirle al de rizos ingresar. Después de él, Reynolds dio un paso al interior y, por pura costumbre arrastrada desde su niñez, inclinó la cabeza hacia atrás; pero se corrigió de inmediato cuando las palabras previas de Aetheron cruzaron su mente como advertencias escritas en rojo.━ Yo… eh… ━parpadeó, nervioso por su error.━ Hay materiales médicos en los cajones… o al menos espero que los hayan… ━musitó aquellas últimas palabras.
Bob, aún sintiendo cómo la sangre se deslizaba desde su nariz hasta su barbilla, miró al contrario con ojos nerviosos e inquietos. No se detenía en un solo punto por demasiado tiempo.━ Entonces… ━hizo un breve gesto con la mano en dirección al elevador, invitándolo en silencio a seguirlo━. Es por aquí. ━agregó aquello antes de echar a andar hacia donde había señalado. Presionó el botón y, al poco tiempo, el elevador emitió el familiar «ding!» que anunciaba la apertura de sus puertas. Ambos ingresaron, envueltos por el silencio, hasta que estas se cerraron una vez que el castaño pulsó el número del botón que los llevaría a la enfermería, varios pisos más abajo.━ ¿Tú…? ━Bob miró de reojo a Aetheron━. ¿Tienes experiencia con hemorragias nasales? ━una pequeña risa se le escapó, nerviosa, insegura; buscando algo que decir para que el ambiente no se volviera incómodo bajo el peso de su propia torpeza.
Oye.
Oh, claro, ya veo. Bueno, lamento no haber estado presente; para la próxima lo estaré— ¿sabes qué? De hecho, me saltaré el almuerzo para poder estar disponible… ¡en caso de que necesites otra cosa! Claro. Aparte del descuento. ¡Sí, lo tengo! Se llama Normie; es juguetón y a veces me saca de mis casillas, pero es un buen perro. ¿Criaturas…? Eh, sí, supongo que sí— y qué raro hablas, por cierto. Me estás empezando a dar un poco de miedo… como sea. No, no los preparé yo; lo sabrías de inmediato porque notarías enseguida que confundí el azúcar con la sal. Esos cupcakes están deliciosos y libres de sal.
No… ¿no sabes lo que son los Backyardigans?— espera, ¿cuántos años tienes? Te ves bastante bien y— quiero decir, dependiendo de la edad que tengas, como… no lo sé, ¿cuarenta años? Ya sabes, que te ves bien en caso de que tengas cuarenta. Tú no… no lo pareces… o tal vez no tengas cuarenta ni de cerca y yo sigo diciendo… bobadas.
Te traje cupcakes; son de la cafetería. Mis colegas me dijeron que habías ido y luego te fuiste… ¿me estabas buscando para poner otra queja o—? Porque había salido a la hora de almuerzo para ver a mi perro.
Oye.
Qué nombre más raro tienes.
Gracias, supongo.
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