La próxima vez que te lastimes, puedes llamarme y con gusto vendré a curarte, ¿está bien?— Aaliyah suspiró mientras sus manos tomaban un pedazo de algodón y lo convertían en una pequeña bolita de alcohol. Tomó el envase con el líquido antiséptico en su interior y mojó el mismo pedazo que había elaborado, hasta que se volvió húmedo y seguro de escurrimiento. Seguidamente, se acercó a él y aplicó el alcohol en la herida a través de tanteos del algodón, haciendo que la sangre se absorbiera y el sangrado parara.— No fue muy profunda... ¿Con qué te golpeaste?