— Sí, mi amor. Como algo... Así.
Aunque ahora se sentía un poco nerviosa (otra vez) por imaginarse la posible reacción de Cassian, sabía que no iba a obtener la verdadera, la genuina sin no lo hacía antes. Sus manos bajaron por el cuello de Cassian y se instalaron en ambos hombros con cierta firmeza, no dolorosa, sino suave, destinada a solo mantenerla estable mientras decidía moverse. Su cuerpo se enderezó, a pesar de que su espalda seguía hermosamente arqueada en el aire. Y con la mirada puesta en los ojos de él, empezó a menear sus caderas en un suave vaivén circular, provocando que tanto sus muslos como glúteos se restregaran intencionalmente en el regazo de él, justo contra su pantalón. Un meneo de caderas coqueto y con una pizca de sensualidad que se dejaba entrever a través de la ropa. Sintió sus mejillas muy, muy calientes, y parpadeó un par de veces para empaparse de la reacción de él; sus pupilas estaban cristalinas por la intención y un delicado deseo naciendo. Su cabello rubio como el sol caía por sus hombros y se movía al mismo compás de sus caderas, algunos mechones balanceándose y pareciendo juguetear consigo mismos, haciéndola ver aún más coqueta.