—No me jodas, ¿estás molesto por que Bruce me prefiere? Dios, damian. —Suelta una risa, incrédulo. — Al imbécil ese le importo menos que cogerse a batgirl y romperle el corazón a Richard. Bruce no me perdona nada, no sabes un carajo de lo que me ha hecho sentir desde antes de morir y hasta la fecha. Él no--
Un gemido escapa de sus labios en cuanto su espalda choca contra el suelo. Busca enderezarse, pero el peso y las manos de Damian lo mantuvieron anclado.
—¡Mierda... Dam-- —Llevó las manos enseguida hacia su cuello, tratando de librarse del agarre. — ¡Hijo de--...!
Soltó otro gemido ronco antes de estirar los brazos, sujetar la ropa del chico y estampar sus labios contra los ajenos. Apenas logró desconcertar a Damian, le regresó el empuje y lo tumbó de espaldas. Sentándose justo en su estómago.
—Escucha bien, mierdita insegura. Me calienta todo esto de que me salgas con pelotudeces denigrantes. Pero si vas a meter tus traumas con papi, me dejas más infértil que un desierto y me secas peor que al mar boliviano. —Inclina su cuerpo, susurrando en su oído, ignorando el roce de sus pechos. — Bruce es un estúpido que se maneja con ignorancia, prefiere salvarle el culo a su gata y todos le importamos menos que una docena de huevos. ¿Crees que yo no estuve celoso de los demás? Claro que sí. Me hervía la sangre verlo adorar a Timothy y halagar el puto brillo homosexual de Richard. Pero sabes bien que en esa condenada mansión llena de maricones, somos los únicos capaces de mancharnos las manos para hacer un verdadero cambio.
Tomó distancia, enderezando la espalda mientras presiona su pélvis contra el abdomen endurecido del árabe. Sus orbes claros lo miran con una clara molestia. Lejos de ser la hábitual y juguetona.
—Deja de ser tan idiota. Puedes odiarme lo que quieras, me importa un carajo lo que pienses tú o los demás. O si me ves cómo una puta arrastrada, ¿qué crees? ¡lo soy! No es difícil darse cuenta.