SoyVaelenTargaryen

Vaya, pero si han dejado salir al pequeño error del castillo. Mírate, Evie. Tienes ese aspecto de cachorro perdido que tanto desespera a nuestra madre. No es de extrañar que las sirvientas se persignen cuando pasas; hueles a la libertad que ellas nunca tendrán y a la incomodidad que mamá no sabe cómo ocultar. ¿Te han dicho hoy que no deberías estar aquí? ¿Que tu presencia es... inoportuna? No les hagas caso. Son lentas. Nuestra madre teme que seas el recordatorio de que incluso en su linaje perfecto puede nacer algo que ella no puede controlar. Y las criadas... bueno, las criadas solo repiten lo que oyen tras las puertas cerradas porque tienen miedo de que tu existencia sea más real que sus estúpidas reglas. Escúchame bien, pequeña. En este nido de víboras, que no te quieran es el mayor cumplido que pueden hacerte. Significa que estorbas. Y estorbar es el primer paso para dominar. No intentes agradarles; si lo haces, serás tan mediocre como Aerea. Sé rápida, sé técnica y, sobre todo, sé el recordatorio constante de que este lugar es una farsa.

SoyMaekarITargaryen

Evie──la voz de Maekar, que hace un segundo era un trueno de amenazas contra sus hijos, se quiebra y baja tres octavas al ver a la pequeña correr hacia él.──Cuidado, pequeña... tu padre está cubierto de la mugre del camino y del acero frío. No querría que ese vestido tan limpio se manchara con el rastro de este mundo amargo.──Maekar la recibe en sus brazos, levantándola del suelo con una fuerza que ahora no busca destruir, sino proteger. Por un instante, cierra los ojos y hunde el rostro en el cabello de la niña, tratando de limpiar de sus pulmones el olor a sangre, hierro y a la gente común que Vaelen y Aerion tanto desprecian.──Tú eres lo único que tiene sentido en este nido de víboras, Evie. Quédate así, pequeña, no crezcas para ser como tus hermanos, no permitas que la ambición o la locura te roben esa luz. Mientras yo respire, nadie en esta mesa, ni en este reino, se atreverá a tocarte una sola hebra de cabello.

SoyMaekarITargaryen

Ya es suficiente, Evie... suéltame. Un abrazo no va a limpiar la sangre de mi capa ni la podredumbre de esta mesa. Dices que no ves víboras, pero eso es porque eres una niña y tu corazón aún es blando; yo veo el nido completo y tiene demasiadas cabezas que morder.──Maekar la aparta con firmeza, aunque sin brusquedad, y se endereza, ajustando su jubón como si intentara sacudirse la calidez del momento. Su mirada vuelve a ser ese muro de granito que ignora las lágrimas de Daella y la burla de Aerion.
            ──No me hables de cuidarme, hija. El único que cuida de esta casa soy yo, y lo hago mientras todos ustedes juegan a los poetas o a los locos. Quédate a mi lado si quieres, pero mantente en silencio. El mundo es oscuro, y no se vuelve más brillante por cerrar los ojos en mi pecho. Quédate atrás, observa y aprende que en este reino, el amor es una moneda que no compra ni una sola espada cuando la tormenta estalla.
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