──Rió bajito ante lo último, no como burla, sino con ternura. Terminó de separarse y buscó su mano, tirando de él para dirigirse a su habitación── Hoy, quiero presentarte la casa Creel. Es algo grande, vacía, pero siempre puedes encontrar algo para hacer en cada habitación ──Comenzó a hablar desde el pié de la escalera, entrelazando sus dedos. Una vez en el segundo piso tomó el pasillo derecho, dirigiéndose al final── Abajo están la cocina, comedor, salón de visitas y té, baño para invitados y el cuarto de limpieza; recorrido para otro momento... Espera. ¿Es un poco anticuado lo de sala para té, verdad? Ya no la uso así, solo me gusta mantener el título ──Arrugó la nariz, dirigiéndole la mirada al llegar a su habitación. Se paró frente a dos puertas altas, dignas de una pintura victoriana antigua; como el resto de la casa── ¿Es muy rápido si te ofrezco mi cuarto? Te daría uno propio, pero, no te quiero tan lejos.