SoyXhertz
Esperaba morir.
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No puedo vivir sin ti, Khaliv. ¿Qué quieres que haga? Intenté darte mi corazón, pero ni siquiera haz venido. Te extraño.
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Esperaba morir.
No puedo vivir sin ti, Khaliv. ¿Qué quieres que haga? Intenté darte mi corazón, pero ni siquiera haz venido. Te extraño.
A mí me importa.
Tragó saliva. La mano que sostenía la navaja tembló un poco más, la punta presionando apenas su piel, lo suficiente para marcarla y dejar ver una fina línea de sangre que comenzaba aparecer.
Una mueca leve cruzó su rostro, no solo por el ardor de la pequeña punzada, sino por todo lo que significaba aquello que estaba pasando. Porque si lo es… Entonces lo haré. / su voz volvió a quebrarse un poco.
Sus ojos no se apartaron de los de ella ni un segundo. El silencio se hizo pesado, su pecho subía y bajaba con dificultad. Podía sentir su corazón latiendo con fuerza contra la hoja como si incluso su propio cuerpo se negara, como cualquier humano consciente. Pero aún así, no bajó la mano. Khaliv, tengo miedo… /
Confesó al fin, en un susurro.
Su voz tembló, pero nunca retrocedió. ¿De verdad quieres que lo haga? / Una lágrima se comenzó a formar en uno de sus luceros, lentamente descendiendo por su mejilla hasta desaparecer entre sus labios temblorosos. Aún permanecía la esperanza de que todo fuese, quizá, alguna prueba, incluso si fuese una broma lo dejaría pasar. Pero sabía que no.
Las palabras de la rubia aún parecían suspendidas en el aire, pesando más que cualquier herida; no podía ni creérselo a veces. No su orden, más bien su frialdad y falta de empatía. Y Durante unos segundos, simplemente la miró, como si intentara encontrar en ella algo que le diera permiso para no hacerlo, algún arrepentimiento, pero no lo encontró.
Su mirada descendió lentamente. Sus manos, aún temblorosas, buscaron entre su ropa hasta encontrar la pequeña navaja que siempre llevaba consigo. Sus dedos vacilaron apenas un instante alrededor de la empuñadura. Pero aún así avanzó; sus rodillas golpearon el suelo una vez más frente a ella, esta vez con menos fuerza, pero con más peso. Como si ya no fuera impulso, sino una decisión, una decisión que en parte le estaba costando tomar aún. El aire le faltó por un segundo, él tenía miedo. Un miedo sprofundo, que se le instaló en el pecho antes incluso de que la hoja tocara su piel. Porque a diferencia de sus palabras, esto no podía deshacerse. Su pulso temblaba a pesar de la presión que ejercía sobre la empuñadura.
Aun así, llevó la navaja hasta su pecho. La apoyó justo sobre el lugar donde latía su corazón, y se detuvo, sintiendo la punta afilada presionar un poco.
Su respiración se volvió irregular, entrecortada. Sus labios se entreabrieron, pero ninguna palabra salió al principio, solo un suave balbuceo. Ese instante, se volvió largo, insoportable. Donde todo lo que era Xhertz se debatía entre retroceder o seguir.
Lentamente, alzó la mirada hacia ella. Sus ojos ya no solo estaban llenos de dolor, eran más de fragilidad. ¿Esto es lo que necesitas? / Su voz no fue fuerte, pero tampoco muy débil.
Khaliv.
Quizás merezca lo peor.
Después de todo, fui yo quien te dejó sola durante tanto tiempo… No buscaré excusas, ni siquiera en la falta de tiempo, porque ninguna razón es suficiente cuando se trata de ti.
Solo puedo pedirte perdón, desde lo más profundo de mi corazón.
Y no sé qué tan insolente sea de mi parte suplicarte otra oportunidad… porque sé que tal vez no la merezco. Pero aun así la imploro. Porque si tu respuesta fuera negarme, preferiría mil veces caer de rodillas ante ti y morir allí mismo, antes que vivir sabiendo que perdí tu amor para siempre.
Sigues siendo la mujer de mis sueños. Eso jamás ha cambiado.
Y si debo luchar por nosotros, lo haré… incluso si ya te has cansado de mí, incluso si el mundo entero se interpone.
Porque aún anhelo una vida a tu lado.
Y si el destino lo permitiera… elegiría compartir la eternidad contigo.
Aquí, ahora mismo, sin dudarlo… incluso entregaría mi vida y dejaría que tus colmillos la reclamen. Te extraño mucho, Khaliv.
Por un momento pareció querer decir algo más, pero dudó. Después de unos segundos, carraspeó un poco la garganta. — Solo… dime una cosa. / El rubio tragó saliva, sabiendo que le pesaría preguntar, y no solo eso, sino que la respuesta, probablemente sería como una puñalada al corazón.
— ¿De verdad ya no queda… nada? / su mirada no se apartó de la de ella en ningún momento.
— ¿Ni una sola pizca de amor por mí?
/ El silencio que siguió fue breve, pero para él pareció eterno. Sabía que era un descaro preguntar, pero toda su devoción había sido real. Quería preguntar al menos algo que le doliese mucho más, para finalmente dejarla en paz.
Entonces bajó la vista otra vez. Una pequeña sonrisa triste, que ni siquiera llegaba a inclinar sus comisuras lo suficiente, cruzó su rostro.
Su voz fue apenas un murmullo;
— Yo todavía te amo. / Suspiró con pesadez, y aunque no se levantó, ahora mismo ella estaba libre de él. — Te amo, Khaliv. Gracias… por darle la oportunidad a la basura de humano que soy.
/ Las palabras de la rubia cayeron sobre él como una sentencia. Lo dejó atónito.
Durante un instante, el hombrecillo no se movió.
Sus manos seguían aferradas a la tela de su ropa, pero ya no eran con la desesperación de antes, sino con una quietud extraña, como si su mente hubiera tardado un momento en comprender que aquello era real.
Que esta vez, no había nada más que decir o hacer.
Sus dedos se aflojaron lentamente. Primero uno y luego el otro.
La tela escapó de su agarre mientras sus brazos caían con pesadez a los lados de su cuerpo. Permaneció arrodillado un momento más, con la cabeza inclinada, respirando hondo como si intentara reunir las pocas fuerzas que aún le quedaban.
Cuando finalmente habló, su voz seguía quebrada, pero más que todo, cansada. — Perdóname, Khaliv…. / Ya no fue una súplica.
No hubo desesperación en esas palabras, solo una suavidad amarga, como alguien que acepta una herida que sabe que no puede cerrar; había herido a su prometida, a su mujer, y nunca se lo perdonaría a sí mismo. Incluso se sentía egoísta pidiéndoselo a ella, ¿pero qué más podría hacer? No estaba seguro.
Lentamente levantó la mirada hacia ella. Sus ojos seguían húmedos, pero ya no luchaban contra el llanto. Sus gafas habían caído al suelo, ni siquiera se había percatado de eso, y probablemente estarían rotas.
— No voy a detenerte. / Sus manos se apoyaron en el suelo mientras comenzaba a incorporarse,
Y esta vez no intentó detenerla.
aunque aún permanecía de rodillas frente a ella.
No. No te dejaré ir.
/ Habló con fuerza. No fue una protesta suave, pero tampoco gritó. avanzó hacia ella casi a ciegas. Sus pasos no fueron para nada medidos; fueron torpes, urgentes, fueron impulsados por la poca fuerza que traía al tener el cuerpo helado. Como si cada segundo que la dejara alejarse fuera una herida nueva abriéndose en su pecho.
Cuando llegó hasta la fémina, sus rodillas golpearon el suelo con fuerza. El impacto resonó seco contra el suelo, pero él no pareció ni siquiera sentirlo. Sin dudarlo, se aferró a ella, rodeando sus piernas con los brazos como si fueran lo único que aún lo mantenía en pie. Sus dedos se tensaron en la tela, sujetándose con una devoción desesperada. No dijo nada.
Por un momento, solo respiró con dificultad, el pecho subiendo y bajando con una agitación que traicionaba todo lo que trataba de contener. Una lágrima se deslizó primero, rápida y ligera. Cayó desde el borde de su ojo y rodó por su mejilla hasta perderse en la tela de su ropa.
Sus hombros temblaron ligeramente mientras intentaba, inútilmente, contener el llanto, pero no lo logró. Las demás lágrimas salieron con libertad, algo que nunca se había permitido el rubio. Solo permaneció allí, arrodillado ante ella, aferrándose como si en Khaliv no estuviera solo la mujer que amaba, sino el último lugar al que su corazón todavía anhelaba estar.
Khaliv, cielo.
Sé que probablemente estés furiosa conmigo, y te lo voy a validar. Merezco que seas así y me trates con indiferencia.
Bah...
bú.
Feliz navidad, mi Khal.
Khal.
Quizás ya no me quieras igual y, bueno, es triste... Esperaba al menos algún mensaje, pero supongo que esto es lo que merezco.
Este lugar no deja de ser desagradable.
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