En su rostro se formó una muñeca, estando de acuerdo con sus palabras. Por más que amara este tipo de rutina que habían mantenido todas las noches, no quería que Abby lo descubriera. Y no porque no quisiera que ella se uniera, realmente le encantaría, pero creía que no era del todo saludable para ella. Además, quizás se sentiría mal al enterarse de que se divertían sin ella. Asintió como respuesta, dejándole saber que pensaba lo mismo. — Tienes razón, pero me gustaría que esto no se olvidara. Hay que repetirlo de vez en cuando, sabes que la pasamos bien cuando tenemos este tipo de planes. — Agregó, finalmente restándole importancia. Por su parte, cuando sintió que rodeaba su hombro con sus brazos, no pudo evitar ruborizarse un poco. Porque, aunque fuera la acción más simple del universo, un simple toque de su parte hacía que sintiera miles de cosas en un microsegundo. Su risa resonó por la rapidez que tenía al expresar sus palabras, y su preocupación por saber si se sentía incómoda hizo que se estremeciera de ternura. — No hay que agradecer, me alegra saber que puedes olvidarte un poco de aquel tormento que nos rodea y pasar un lindo momento. Por otro lado, no te preocupes por eso, es un lindo gesto, me siento cómoda. — Menciona, acortando el poco espacio que quedaba entre ellos, acurrucándose contra su pecho sin pensarlo dos veces. Obviamente, los nervios estaban presentes, pero no quiso prestarles atención. Su voz volvió a captar su atención, escuchando atentamente la pregunta.