GuillotinelV

Estos niños lo son todo para mí, los extraño tanto.

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OMG, CÓMO ME PEDÍAS PERDÓN POR SER "FASTIDIOSA". Dios, no lo eras, de verdad amaba todas las ideas que salían de tu hermosa cabecita; amaba inventar cositas contigo.
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Quiero volver a ver todas estas películas sin tener el recuerdo de que ya no estás, que sea todo distinto. 
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Te extraño tanto, Julie. 
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Eso ya lo sé, creo recordar que me lo haz dicho desde el día que nos conocimos. Además, ¿qué puedo decir? Tengo una belleza natural, cariño. ¡Bien! Sí papá Michael, dejaré de comer tanto chocolate para no morir por mi lamentable hígado malogrado… Ahora que lo pienso, no suena como una idea tentadora; no quiero morir por eso, ¿imagina que me pregunten cómo morí? Decir que morí gracias al chocolate y no por algo épico me daría vergüenza. ¿Lily Evans? ¿Quieres que sea tu Lily-flor? Pues seré tu Lily-flor. Obviamente tu serás mi James Potter, ¿cómo crees que te condenaría a ser Quejicus? No tienes ni un gramo de odio en tu corazón, él sí; honestamente lo detesto. Abby como una pequeña Harry Potter me hará derretir de ternura, es tan hermoso imaginarlo. Ahora ya tenemos nuestro plan para los disfraces de halloween; queda esperar… 10 meses exactos, pero el año pasa rápido ¿no? No me molestas, Mike, y creo que no podrás entenderlo nunca; después de todos estos años, aún sigues sin acostumbrarte. Amo ayudarte, ¡ayudarlos! Deja de pensar que siento molestia o que me siento obligada a hacerlo, yo quiero. Okay, no había llegado ese plan a mi cabeza; triste, morirás envenenado Mike Schmidt, lo siento mucho. 

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Sus emociones bajaron un poco gracias al tema que lograba evitar; no le encantaba hablar sobre sus días malos, pero no le molestaba hablarle sobre ello. — Mmm, bueno... No es nada realmente sorprendente, sólo fue un poco agotador. ¿Recuerdas que te conté que contrataron a una chica nueva para que pueda ayudarme? Bueno, parece que hizo enojar a algunas personas y yo recibí todas las quejas; no me molesta, de todas formas debía esperar que algo así sucediera, se supone que yo soy quien la supervisa. Sólo que me da pavor ver cómo la gente me grita y se enoja conmigo; es algo que realmente no puedo evitar. —explica, dejando escapar un suspiro de cansancio. — También está este chico con el que decidieron reemplazarte, no deja de aparecerse en la cafetería. Por lo menos, tus antiguos compañeros tienen la decencia de no hablarme mientras estoy trabajando y guardarse sus intenciones en el bolsillo, pero este chico es de lo peor; hoy llegó hablándome de una forma muy extraña y no dejó de mirarme de una manera tan incómoda, ¡Fue horrible! —sus ojos parecían salir de sus órbitas cada vez que recordaba a este chico, que era realmente molesto y no dejaba de intentar algo con ella. Morgan simplemente lo ignoraba, pero era un tanto agotador luego de mucho tiempo. — Realmente extraño cuando tú eras quien ocupaba su lugar. Era lindo ver cuando me visitabas y me dejabas una flor o chocolates; nunca podré olvidarlo.
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Un suspiro escapó de sus labios al sentir los dedos del castaño en su cabello. Sus párpados se cerraron levemente al sentirse tan relajada; momentos así quería encapsularlos y no dejarlos ir nunca. Las mejillas de la azabache se iluminaron de un tono carmín, y parpadeó varias veces sin poder evitarlo; ¿sus ojos realmente eran bonitos? Por su parte, consideraba que era el típico estereotipo de ojos azules, bonitos sin importar qué, así que ya había escuchado muchos cumplidos por ello. Pero escucharlo de sus labios, se sentía realmente genuino; sus palabras hacían que todo su cuerpo se convirtiera en un tormento de emociones imparables, con sólo unas cuantas palabras. Desvió un poco su mirada, luego volvió a hundir su rostro en su pecho, sintiendo vergüenza por sus mejillas sonrojadas. — ¿Cuál es el ánimo de dejarme sin palabras hoy? Vaya… Yo realmente siento lo mismo, es como si este fuera mi lugar, con ustedes… Y Dios, Mike, me cuesta tanto admitir esto pero, quiero que sepas que te haz ganado cada parte de mí, de verdad. Si no quieres creerme, está bien, pero tiene que saber que realmente haz ganado mi corazón. — Su voz de volvió más pequeña con cada palabra que salía de sus labios; la piel de sus brazos se erizó luego de confesar un poco de todo lo que sentía. 
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La emoción de Morgan aumento un poco más. La ojiazul asintió emocionada, formando una reacción muy graciosa. ¿Qué podría considerar para esa emocionante lista? ¿Quizás Scream? Disfrutaba de ver a Billy Loomis hacer de las suyas, y no queda demás destacar su tonto enamoramiento por él; pero habían visto la película tantas veces que tal vez se dormirían por lo aburrido que sería saber que pasará después. ¿Alguna de Disney? A Abby le gustaban; tachó Toy Story de su mente, ya qué realmente no quería ver a los muñecos psicóticos de Sid. Antes de que Mike entrara a su vida, era una actividad que hacía con frecuencia luego de terminar sus tareas de la universidad; amaba compartir este tipo de momentos con personas importantes para ella, como lo eran Mike y Abby. Recordaba como solía hablar sola mientras veía una película aleatoria, criticando las acciones y decisiones de los personajes; ahora, siempre hacía pequeños debates junto a Mike sobre como distintas decisiones podían mejorar la situación del personaje durante la trama. Era divertido, fue una luz para toda aquella soledad que solía acompañarla. Morgan dejó de lado sus pensamientos, carraspeando un poco para poder responder. — ¡Suena como un plan genial! Le diré a Abby de manera "indirecta" que me ayude con eso, aunque lo estuve pensando; podríamos invitar a la pequeña en este plan, tal vez un fin de semana cuando no tenga escuela. No será malo, ¿sí? Aunque sea una vez, vamos. — sugiere, juntando sus manos en forma de súplica, intentando convencer al mayor de su idea.
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Owww, ¡ya basta! Estoy poniéndome sensible aquí, tonto. ¿En serio piensas eso? Acabas de comprarme, así que lo acepto sin más objeciones. Mike dormilón: 01, Megan la no ruda: 00. ¡Bien, no me importa ir al doctor! Igual seguiré comiendo tanto como quiera; si por mí fuera, moriría comiendo chocolate. ¿Ron? No, no me siento como Ron Weasley, y ahora que lo pienso, el Trío de Oro no nos identifica. ¿Qué tal los merodeadores? Por supuesto; yo sería el atractivo Sirius Black, tú el señor de la noche Remus Lupin, y nuestra pequeña Abby sería el agradable James Potter. ¿Apoco no nos veríamos lindos? Ya me emocioné. Creo que te lo dije miles de veces Mike, no me importa hacer este tipo de cosas por tí; lo hago porque realmente te aprecio, y no estoy esperando nada a cambio. Tan sólo déjame ayudarte.

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/ mueca* JAJAJAJA PONÍA MUÑECA LA TONTA.
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Sus labios dejaron escapar un suspiro, sus dedos empezaron a dibujar patrones extraños sobre el suéter del castaño antes de responder. — Estoy un poco cansada, ¿sabes? Y no se trata de ahora, es por lo agotador que fue el día. Fuera de eso, me siento muy bien; realmente disfruto pasar el tiempo contigo. — No estaba segura de si pudo escucharla, ya que su voz salió en un susurro apenas audible. Sentía su mirada sobre ella, así que no dudó en voltear para ver su rostro. No había notado lo cerca que estaban el uno al otro; podía notar más de cerca aquellos ojos que desconocía el color que tenían, pero sin duda eran un espectáculo digno de admirar. — ¿Ya te he dicho que tienes bonitos ojos? Porque son realmente lindos. — Menciona en un hilo de voz, parpadeando rápidamente de manera inconsciente.
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En su rostro se formó una muñeca, estando de acuerdo con sus palabras. Por más que amara este tipo de rutina que habían mantenido todas las noches, no quería que Abby lo descubriera. Y no porque no quisiera que ella se uniera, realmente le encantaría, pero creía que no era del todo saludable para ella. Además, quizás se sentiría mal al enterarse de que se divertían sin ella. Asintió como respuesta, dejándole saber que pensaba lo mismo. — Tienes razón, pero me gustaría que esto no se olvidara. Hay que repetirlo de vez en cuando, sabes que la pasamos bien cuando tenemos este tipo de planes. — Agregó, finalmente restándole importancia. Por su parte, cuando sintió que rodeaba su hombro con sus brazos, no pudo evitar ruborizarse un poco. Porque, aunque fuera la acción más simple del universo, un simple toque de su parte hacía que sintiera miles de cosas en un microsegundo. Su risa resonó por la rapidez que tenía al expresar sus palabras, y su preocupación por saber si se sentía incómoda hizo que se estremeciera de ternura. — No hay que agradecer, me alegra saber que puedes olvidarte un poco de aquel tormento que nos rodea y pasar un lindo momento. Por otro lado, no te preocupes por eso, es un lindo gesto, me siento cómoda. — Menciona, acortando el poco espacio que quedaba entre ellos, acurrucándose contra su pecho sin pensarlo dos veces. Obviamente, los nervios estaban presentes, pero no quiso prestarles atención. Su voz volvió a captar su atención, escuchando atentamente la pregunta. 
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¿¡De qué estás hablando, Michael Schmidt!? Me parece que tienes una mala percepción de la realidad. ¿Sabías que esas cosas, son de personas rudas? Los dibujos animados, los paisajes y los chocolates son lo más rudo del mundo. ¡El chocolate mucho más! Me puedo morir por comer tanto y no me importa; eso es rudo. ¿Pero por qué Dobby? No, no autorizo. Además, ¿quién se supone que serás tú? ¿Lucius Malfoy? Yo creo que sería mucho mejor ser el Trío de Oro. Obviamente yo sería Hermione, por supuesto. Agh, sabes que no estoy de acuerdo con eso, pero no te voy a replicar nada. ¿Sabes qué es mejor? Un té verde, te juro que es una mejor opción que las pastillas; ¡yo lo puedo hacer! Sólo piénsalo, no es bueno que sigas con eso todavía. Estoy segurísima, pero no te preocupes. Es mejor reír con eso, ¿no? Su imaginación es muy curiosa.

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La jóven tomó la mano del castaño, no sin antes tomar las galletas con la que tenía libre, y lo jaló hacia la sala de estar. Dejó el plato en la mesita frente a la televisión, luego la prendió poniendo un programa al azar. Ya sentados en el sofá, disfrutaron del programa y las galletas. Bueno, por su parte, estaba viendo como Mike "disfrutaba" del programa. Pudo notar el cansancio en su rostro, justo como cuando entró a casa, pero podía ver algo distinto luego de la amarga conversación que tuvieron más temprano. La chica aclaró su garganta, frotando sus manos inconscientemente en sus muslos como acto de nervios. — Oye... ¿Cómo te sientes ahora? — Preguntó en un susurró, refiriéndose a la situación y su estado de ánimo.
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Morgan miró curiosamente el temblor de sus manos al verlo guardar aquel trozo de papel en su bolsillo. ¿Qué estaría escribiendo allí? No podría ser algo sin importancia, porque tardó mucho tiempo como para escribir pocas palabras. ¿Será para ella? ¿De que trataría? Quizás estaba escribiendo un tipo de carta donde le decía que ya no necesitaba de ella para cuidar a Abby, o aún peor, que la odiaba y que no la quería ver más. Espera, ¿por qué le preocuparía? Estaba claro que eran amigos y que le dolería si dejaran de serlo, pero había algo más allí; aunque ella asegurara que estaba segura de sus sentimientos, estaba aquella sensación que nunca pudo describir. Aquellos nervios y cosquilleos en su estómago, que hacían acto de presencia siempre que estaban juntos; perder eso la haría sentir terrible. De todas formas, ¿de dónde estaban viniendo estás ideas? Seguro se trataba de una pequeña dedicatoria con dibujos para su regalo, tal vez por eso se tardó tanto. Una vez concluido su momento de dudas locas, la azabache ríe con sarcasmo ante sus palabras sobre su impaciencia. Sus delgados brazos se cruzaron sobre su pecho y le dió una mirada con ojos entrecerrados. — No digas nada, no tienes derecho. Eres exactamente igual de impaciente, incluso más cuando no logras dormir rápido. — Contraatacó, golpeando suavemente su hombro con diversión. — Estás sonando como un padre en este momento, ¡no necesito eso ahora! Quiero comer chocolates y desvelarme. No te rayaré la cara cuando te duermas, lo prometo de corazón. — Agrega, colocando su mano en la parte izquierda de su pecho, haciendo enfasis en "prometer de corazón".
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¡No soy adorable! Obviamente soy la persona más ruda que conoces, ¿no me haz visto? Necesitas gafas. ¿En serio crees que eso me hará crecer? Lo siento, pero no va a suceder; tengo mis tres comidas diarias y todavía sigo más enana que tú, me siento un minion con enanismo extremo. ¡Eso qué, Mike! Yo te he visto hablando solo, capaz también tienes amigos imaginarios. Mmm, ¿entonces, supones que yo soy la princesa y tú el príncipe de brillante armadura? Eso es lindo, estoy imaginando miles de escenarios.

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Volviendo al presente, su impaciencia dió paso. Se estaba tardando mucho en dar una señal de que ya estaba todo listo, así que aclaró su garganta antes de hablar. — ¿Ya está, Mike? Ya pasaron unos minutos. Estoy a nada de voltear y arruinar tu sorpresa. — Mencionó con un tono necesitado, ya que estaba muriendo de curiosidad por su tardanza. — Además, pensaba en ver películas y comer m&m's hasta que caigas rendido en tus sueños. Era el plan, ¿no? Estás tardando mucho. — Volvió a hablar, alargando la última vocal al terminar.
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— El momento sin duda era más que divertido para la azabache. Mentiría si dijera que no notaba las mejillas sonrojadas del mayor, detalle que lo hacía lucir más que adorable. Estaba segura que ella se encontraba de la misma manera; mejillas sonrojadas y grandes sonrisas inconscientes. Éstas sensaciones eran completamente nuevas en ella, y algo que jamás había experimentado en su vida, pero disfrutaba cada vez que podía; ese cosquilleo en su estómago cada que estaba junto a él, y el hecho de que la hacía tan feliz con solamente su presencia. Su risa empezó a resonar en la habitación nuevamente, burlándose de sus replicas sobre las preciadas galletas. Recordó como Abby había estado suplicándole que la ayudara a hornear las galletas; el pánico que sufrió al ver la cocina llena de harina luego de estar jugando a arrojarsela encima. Tuvo que limpiar antes de que Mike llegara; fue un proceso difícil. Volviendo al tema de los regalos, rodó sus ojos ante el comentario de los "objetos escondidos" en casa, tema que la divirtió bastante. — Deja de quejarte por las cosas escondidas, es necesario hacerlo. Bien, pero si percibo algo extraño, voltearé. — Respondió con diversión, para luego obedecer y cerrar sus ojos, girándose hacia otro lado. Mientras escuchaba como Mike sacudía su chaqueta, su mente volvió a irse a otro lado. La verdad, no había un regalo que envolver para Mike, nunca lo hubo. Morgan entró en un grado de estrés al no saber que regalarle al guardia de seguridad; había pensado en tantas cosas, pero nada era suficiente. Su plan de último minuto fue planear un tipo de salida juntos, algo que seguía pensando que no era suficiente, pero tenía una inmensa ilusión con aquello. No era una cita, ¿o sí? No lo sabía, pero había planeado todo con lujo de detalle, y esperaba con impaciencia a que el día llegara. 
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No me sorprende, cuando despierto lo menos que puedo esperar es verme atractiva. Estoy conciente que mi cabello en las mañanas es peor que el de las brujas en los cuentos. ¡La altura no impide nada! Muy bien sabes que sí podemos subirnos a los carritos chocones, los cuales son mis favoritos; me siento en Rápidos y Furiosos cuando estoy ahí, definitivamente. Sí, ahorratelos, tontito. Sabes que aquí hay gente que defiende a Abby y a sus amiguitos fantasma, o sea, yo. ¿Corazones humanos? Okay Mike, eso es raro; obviamente nunca dibujaría corazones humanos porque es aterrador. ¡No—! Quiero decir, ehm, no es necesario que lo hagas, no es algo que me moleste. Mmmm— sólo me pareció un poco curioso, ¿qué podrá saber ella sobre eso? Nunca sabremos la respuesta.

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Imaginarse a un joven Mike vuelto loco por lo que se había vuelto su vida la hizo reír un poco; nada lejos a la actualidad. Pequeños destellos llegaron a su mente, recuerdos que no llegaban completos, donde su abuela la ayudaba cada año a decorar sus libretas como le gustaban. Fue un poco desalentador recordar eso; ya había pasado un tiempo de su muerte, pero nunca pudo superarlo por completo. La pelinegra sacudió su cabeza, saliendo de aquella burbuja en la que se había sumergido. Puso atención a las acciones de Mike, quien envolvía el regalo con falta de gracia en sus movimientos pero haciendo lo mejor que podía. Estaba claro que no era el mejor en esto de envolver regalos, se podía apreciar en el regalo recién envuelto. Pero no estaba mal, es decir, se veía decente. La joven dió pequeños aplausos, mientras veía con una sonrisa el pequeño regalo. — Bien, está decente. Estuvo bien para ser tu primera vez haciendo esto. ¿Sabes que merece este logro? Una galleta. — Dice con un toque de emoción en sus palabras. Sus manos toman el plato de las apetitosas galletas y las pone en la mesa. Luego de comer una, la chica inclina su cabeza hacia un lado, logrando que algunos cabellos cayeran sobre su rostro, nada que moleste realmente; sólo miró con una sonrisa al chico de orbes avellana. — Ahora falta que envolvamos nuestros regalos. Bueno, tienes que hacerlo tú, porque ya yo envolví el mío; está escondido. — Menciona, susurrando la última parte con un deje de diversión.
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— Pequeñas carcajadas empezaron a resonar en la habitación, gracias a la mención de su "gran desgracia". El recuerdo de esa noche se reprodujo instantáneamente en su pensamiento, dejando ver cómo Abby empujaba a su cansado hermano hacia la sala de estar; tratando de evitar su misión de devorar aquellas galletas que tanto les costó hacer. Incluso, la pequeña logró armar un escondite para que el mayor no las encontrara de casualidad. La ojiazul estuvo burlándose todo el tiempo del castaño los días posteriores a ese. — Por supuesto que sí, Mike. Esa excusa vale millones, debemos dejarle la ilusión a la pequeña, igualmente íbamos a terminar comiendolas nosotros. Además, fue divertido verte lloriquear por una galleta, eso fue nuevo. — Ella responde, usando ese tono divertido que ambientaba la situación. La pelinegra miró incrédula a el mayor, rodando los ojos con diversión ante su respuesta. Estaba claro que él no tenía el tiempo de decorar las libretas de su hermana, quien era más pequeña en ese entonces. 
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¿Soy un ángel o una bruja? Decídete ya. Además, por más tierno que te ves diciendo esas cosas, ¡me haz ofendido! Me niego a pensar que soy más enana que un niño con restricción a los juegos, así que no sabes lo que estás diciendo. Me veo obligada a regañarte; ¡no critiques a sus amigos! Por más imaginarios que sean, la mantienen entretenida. Así que silencio, no te atrevas a repetirlo frente a ella o te derribaré. ¡Son sólo tonterías! La verdad es que siempre dibujo paisajes, no hay nada de que sorprenderse. Pero Abby es una artista verdadera; ordenando su habitación, ví unos dibujos escondidos dónde estábamos tú y yo, y muchos, muchos corazones. Yo— yo digo que tiene mucha imaginación, y los corazones, un lindo fondo... ¿A ti no te gustan los corazones? A mi me encantan, son buenos para decorar.

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/ cortado porque, al parecer, superé el número de caracteres. LO SIENTO, ME INSPIRÉ.
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— Bien, es muy simple. ¿Nunca le haz puesto papel decorativo a los cuadernos de Abby? Tienen casi el mismo método. — Comenta, tomando uno de los regalos de Abby; se trataba de una caja grande de crayones, los cuales había visto por el centro comercial y no pudo evitar pensar en ella antes de comprarlos. Sus manos fueron ágiles con el papel de regalo, envolviendo de forma impecable la caja. — ¿Ves? Sólo tienes que ponerle un poco de cinta, y eso es todo. ¿Entendiste o tengo que explicartelo de nuevo? — Bromeó un poco a lo último, volteando hacia él mientras esperaba su respuesta. Sus ojos se desviaron inconscientemente a sus labios entreabiertos, lo que la hizo morirse de vergüenza cuando se dió cuenta. — Ehm... Si se te complica, puedo envolver todo yo. Excepto mi regalo, claro, he de suponer que es una sorpresa.
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— Morgan podía percibir como se sentía; sólo se trataba de observar su lenguaje corporal. El cansancio destellaba en todo su esplendor, y ella deseaba cambiar de lugares para que él dejara de sentirse así y no cargara tanto en sus hombros. Trabajar en una cafetería desde la mañana hasta el medio día le vendría mejor que desvelarse toda la noche para observar animatrónicos inhabilitados. La pelinegra decidió alejar aquellos pensamientos y disfrutar del momento solos; no habían tenido uno de esos por un tiempo. Sus ojos se pusieron en blanco ante su mal chiste. — Por lo menos, no tenemos que preocuparnos por ningún ladrón o anciano con barba. Hay que mirarle el lado positivo, tenemos la leche con galletas para Santa. — Murmura, notando a las susodichas junto a una pequeña nota de Abby. Una vez dicho esto, giró hacia la mesa, observando atentamente las acciones del castaño, sin saber que vendría después. No era algo que sucedía por primer vez, pero la acción la tomó desprevenida. Su cuerpo sufrió un pequeño estremecimiento al sentir los dedos de su contrario entrelazados con los de ella. Sus mejillas se sonrojaron fuertemente, y le agradecía al universo el hecho de que no la estuviera mirando. Con un poco de nerviosismo, aclaró su garganta. 
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No es necesario que te disculpes, Mike, puedo entenderte. Eres libre de desahogarte conmigo si así lo quieres, luego veremos cómo resolvemos todas esas preocupaciones tuyas. ¡Y no te equivocas! Sé que tengo un encanto único al que nadie puede resistirse, simplemente no puedo evitarlo. Ya, fuera de broma, me alegra saberlo; Abby es como la hermana pequeña que nunca pude tener, y créeme cuando te digo que todo lo que hago por ella, lo hago con amor y sinceridad. Ya olvida el sueldo, sabes que bromeaba antes sobre eso; no es un factor el cuál me esté preocupando a diario. ¿Así que tú salvadora, eh? Es muy lindo escuchar eso. Y me siento de la misma manera, he dejado de sentirme sola desde que empezamos a hablar. Adoro pasar tiempo contigo... ¡Y con Abby, por supuesto! ¿Sabías que gracias a ella, dibujo mejor que antes? Es una maravilla, es una gran maestra esa niña. Por todos los cielos, que sería de ti sin mi presencia, Mike; un completo desastre, seguramente. ¡No se diga más! Es la hora de ponernos en nuestro modo Elfos y empezar cuánto antes. 

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— La ojiazul gruñó con fastidio, ocultando su rostro en el cuello del mayor. Sus palabras llevaron a que se alejara un poco de él; sus ojos se desviaron al rostro del contrario, notando aquel tono carmín en sus mejillas. Las comisuras de sus labios se alzaron, formando una sonrisa que no pudo evitar. — ¿Sabes? Estoy perdiendo un poco el interés. ¿Quién inventó esto? ¿Por qué santa y sus elfos navideños no existen? Nos ahorrarían muchos problemas si realmente existieran. No es justo. — Exclamó, bufando luego de sus palabras. Se había sentido tan bien en sus cálidos brazos que había olvidado aquel pequeño asunto de las envolturas, donde le había prometido a Mike ayudarle a envolver los regalos. La frustración se apoderó de sus venas, quería terminar cuánto antes y aún no habían empezado. Acomodó su suéter, que curiosamente pertenecía al castaño, y saltó del sofá. Empezó a jalar a Mike de los brazos, tratando que se levantara con rapidez. — Vamos, vamos, vamos. Entre más pronto empecemos, más rápido terminaremos. Así que levanta tu trasero del sofá, ya.
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Nada de eso, chico, no estaremos afuera. Por otro lado, sobre el frío, no hay nada que frazadas y un chocolate caliente no resuelvan. Oh, es algo difícil de explicar... ¿Quizás porque soy chica? No lo sé, creo que ella necesita esa presencia junto a ella. Y no es por ofenderte a ti, te aseguro que tú eres el mejor hermano que ella puede tener. Lo que quiero decir es que, tal vez esté necesitando aquella presencia femenina en su vida, que piense exactamente como ella. Y bueno, no tienes idea de cuánto adoro a Abby; adoro jugar con ella, me encanta dibujar juntas y ver películas de noche hasta morirnos de sueño. Quizás, sólo quizás, tal vez sea más abierta conmigo por eso. Pero no tienes porqué preocuparte, ella te adora muchísimo si es lo que te preguntas, ella misma me lo ha dicho. Creo que deberíamos olvidar un poco aquel asunto de tu tía, te hará sentir mejor, ¿sí? Luego podemos quejarnos todo lo que quieras, pero disfrutemos éstos días, por Abby. Te abrazaré toda la noche si es necesario, no te preocupes por eso.

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— La pelinegra extiende sus brazos hacia el castaño, rodeándolo con sus brazos alrededor de su cintura. Podía percibir rastros del aroma de su perfume y chocolates, que seguro había comido sin ella antes de regresar del trabajo, junto con la brisa de la noche que paseaba por la sala de estar desde las ventanas abiertas; todas estas razones, causaron un leve estremecimiento en ella y la llevaron a hundir su cabeza en su pecho. Morgan sabía que no era un buen momento para él, podía entenderlo mejor que nadie, y le dolía mucho todo por lo que estaba pasando. Después de todo, él era su mundo junto con Abby. Sólo deseaba que pudieran tener una linda velada en la víspera de navidad, era lo que más se merecía. —
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