¿Te puedo ser honesto? En ocasiones, cuando coloco mi mano sobre tu pecho, quiero abrirlo con ella y acomodarla debajo de tu caja torácica, solo para que siempre pueda asegurarme de que tu corazón todavía late junto a mí. Suena catastrófico, lo sé, pero pienso que es la mejor forma de expresarte que hay momentos en los que mis palabras no son suficientes para descubrir todo lo que siento por ti. Todo lo que me haces sentir y cómo podría arrancarme la piel para estar más conectado a ti.
Te agradezco muchísimo lo irritante e insistente que fuiste al inicio, porque aunque me llamaste la atención desde el primer segundo en que coloqué mis ojos sobre ti, esas actitudes solo me hicieron querer acercarme más a ti. Y lo haría mil veces para seguir estando como estamos. Me encantan esos ojitos de cachorro que solo colocas para mí. Me fascina cómo puedes ser una completa amenaza para los demás con tus groserías ligeras, pero conmigo eres un pequeño cachorrito adorable y dramático que solo desea mi atención. Añoro intensamente todas las charlas que hemos mantenido, cómo podría hablarte durante horas sin aburrirme porque creo que eres la persona más interesante que ha pisado este mundo y solo quiero leerte, tocarte y besarte.
Te pienso, te extraño, te quiero, te amo, te añoro, te deseo. Y te necesito. Te necesito mucho. Quiero estar contigo, pegado a ti, como un gatito que no sabe hacer otra cosa más que buscarte y reclamar tu atención. Eres mío, mío, mío. Y planeo que sea así por mucho, muchísimo, tiempo más. Te respondí en los mensajes de abajo, pero creo que no está de más repetirlo porque me hace mucha ilusión: sí quiero ser tu novio. Sí quiero ser tu esposo. Por favor, búscame y persígueme en todas las vidas que nos toquen. Nada me haría más feliz que eso.