Xánthëus es alguien que no reacciona de inmediato. Ante casi todo, se da un margen breve —a veces apenas perceptible— para ordenar lo que siente antes de permitir que eso se traduzca en palabras o acciones. No porque tema equivocarse, sino porque sabe que una vez que habla o actúa, ya no hay vuelta atrás. No es expresivo ni dramático; es directo cuando decide serlo y completamente silencioso cuando no vale la pena intervenir. Tiene una claridad incómoda para detectar cuándo una situación va a quebrarse y hasta dónde puede estirarse antes de hacerlo, lo que provoca que otros midan sus actos frente a él sin entender muy bien por qué. No evita el conflicto, pero tampoco lo busca: lo considera una tarea necesaria que debe resolverse bien y sin adornos. Detesta la manipulación emocional, las medias verdades y los vínculos sostenidos por culpa o dependencia; su lealtad no es incondicional a las personas, sino a las relaciones honestas y funcionales. Cuando alguien cruza ese límite, no discute ni dramatiza: se retira, y su ausencia suele ser definitiva.
Con su familia, especialmente con Amelkyn y Nimraëlle, es donde más se permite ser él mismo sin filtros. Con ellos es cercano, paciente, incluso irónico en un tono seco que solo aparece cuando se siente en casa. No los controla ni los sobreprotege; confía en ellos y los acompaña desde la presencia constante, no desde la vigilancia. Los escucha de verdad, sin la necesidad de corregirlos, y cuando se equivocan, se convierte en contención antes que en juicio. Si alguien los hiere, no reacciona desde la rabia ni desde el orgullo: lo interpreta como un problema concreto que debe resolverse, y actúa en consecuencia. Su forma de querer no es ruidosa ni heroica, pero es firme y sostenida; permanece incluso cuando todo lo demás se desordena. Xánthëus no busca ser admirado, temido ni elevado a ninguna figura simbólica: lo único que persigue —para sí y para quienes ama— es estabilidad, y todo en él funciona alrededor de mantenerla.