─ Mi cielito, estaba esperando este momento para poder cumplir con mi reto ─mencionó el rubiecito, una sonrisa ladina formándose en su rostro.
Sus orbes se mantenían fijos en la anatomía del mayor. En estos últimos meses había logrado distinguir cómo la musculatura de su pareja había aumentado, cosa que lo volvía completamente loco. Aunque en realidad, su amado siempre le gustaría de cualquier manera.
─ Ven aquí ─dijo con voz melosa, sujetándolo por los hombros. Le dio un empujón, lo suficiente para hacer que su amor tomará asiento.
Sin dudarlo mucho, y antes de que la pena comenzara a invadir al tailandés, se subió al regazo de su novio. Colocó sus extremidades en cada lado, mientras que sus entrepiernas quedaban intencionalmente juntas.
Aunque eso no era parte del reto, el chico sentía que era un momento de intimidad con su novio. Eran solo ellos dos y nadie más interrumpiendo, así que se tomó el atrevimiento de primero deslizar sus manos por todo su torso. Se detuvo en zonas como sus abdominales o sus pectorales más tiempo, tomándose unos segundos extra para sentir la firmeza.
Finalmente, se inclinó hacia el cuello de su amado y le fue inevitable morder la piel blanquecina, queriendo dejar una marca ahí. Queriendo aliviar el escozor, besó con ternura la zona más de una vez.