No sé por qué… pero hay algo en saber que a Velvet le gustan las chicas que me hizo sonreír sinceramente. Tal vez fue porque gané una apuesta tonta, o tal vez porque, en el fondo, me recordó que a veces la ficción nos da pequeños consuelos, pequeñas victorias que alegran días pesados, aveces distraerse con alho que nos gusta nos hace sentir mejor, no se que piensen ustedes.
Quisiera aprovechar este momento para disculparme. He estado ausente, lo sé. Las historias que muchos esperan con ilusión, esos capítulos que con tanto cariño comencé, han tenido que quedarse en pausa… y no por falta de amor hacia ellas, sino por algo mucho más simple y doloroso: el tiempo. La universidad ha absorbido casi todo de mí. Y no solo a mí. Quien suele ayudarme a dar vida a estas tramas tampoco ha podido avanzar. A veces hablamos de cómo queremos seguir, de todo lo que aún tenemos por contar, pero al final del día, el cansancio siempre gana.
Me duele, sinceramente, no poder compartir todo lo que tengo guardado. Las ideas siguen aquí, vivas, latiendo como corazones impacientes. Cada personaje, cada línea no escrita, me acompaña como un eco suave que me recuerda que esto es parte de mí. Y aunque ahora la vida me pide que me enfoque en otras cosas, no olvido… no los olvido.
Gracias por seguir ahí. Por esperar. Por comprender. Aunque hoy las palabras vengan con pausas largas y suspiros entre líneas, les prometo que no me he rendido. Y eso, de algún modo, también me hace feliz.