estoy bien, mírame una última vez y sonríe como si todo estuviera bien, así cuando te extrañe podré recordarlo dulcemente: así podré dibujar tu rostro en mi mente.
a todos los rostros que he amé descomunalmente, la única tú que entendía mis encrucijadas y metáforas lentas: para la única tú que comprendía la vida como yo lo hacía, para las tardes donde me cantaste en la puesta de sol y las noches lejanas donde escribíamos mensajes hasta que nuestros párpados ardieran, para la única tú.
he soltado versos libres de encanto y los he depositado en tu buzón, no sé decirte si al escribirlos realmente buscaba que los encontraras o simplemente me gustaba contemplar mi melancolía y tu nombre marcado en montones de papeles ocre. pero heme aquí, releyendo tu pequeña dedicatoria con la misma consagración que ofrecía en nuestros primeros meses.
parece que he mostrado un yo demasiado triste. reflejé un mensaje erróneo al hacerte pensar que tu recuerdo solo trae pesares a mi presente, y habría seguido con las afligidas correspondencias de no ser por ti, que una vez más y como siempre, plasmaste un beso de realidad sobre mi frente y ahora logro comprender cada extracto y cada sentimiento que me han acompañado entre las olas.