viland__ivan
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⠀⠀⠀ ♡゙‿ ۟ ིྀ ͝ ⎯⃜⎯ ⠀⠀/y de pronto, el impacto. un ruido seco, un destello fugaz, y su cabeza chocó contra el suelo con la brutalidad de quien despierta de un sueño demasiado largo. la confusión fue su primera conciencia: un vacío denso que palpitaba entre sus sienes, donde el pensamiento aún no alcanzaba a tomar forma.
despertó, aunque la palabra “despertar” le resultaba una ironía amarga. ¿dónde se hallaba? no tenía la menor idea. ninguna señal del mundo que conocía acudía a rescatarlo de aquella penumbra. solo sentía el peso de su cuerpo, inerte sobre una superficie fría, y la respiración irregular que lo mantenía unido, por un hilo débil, a lo que aún llamaba vida. mas, en el fondo, dudaba que esa vida fuese real. todo en su entorno tenía el tacto engañoso de una ilusión. quizá solo estaba dentro de otro de esos engaños que su conciencia corrupta solía tejerle para torturarlo, para recordarle lo que había sido y lo que había perdido. pensó que tal vez su corazón ya no latía, y que todo cuanto sentía era el último destello de una mente que se resistía a apagarse, aferrada a su propia falsedad. y sin embargo, el dolor —ese dolor tangible que le ardía en la frente— lo convencía, aunque fuera por un instante, de que aún existía.
al menos, ahora estaba solo… o eso quería creer.
su mirada, lenta y cansada, se alzó bajo el peso de la visera. la oscuridad lo envolvía, espesa y casi viva, respirando a su alrededor como si lo observara. había sombras. no meras formas, sino presencias: fragmentos de algo que conocía, ecos de una figura que lo había atormentado durante tanto tiempo que su recuerdo se había confundido con su sombra. tragó saliva, dudando entre el miedo y el cansancio. ¿qué podía hacer ahora? ¿hincarse ante aquello, implorar por perdón? ¿arrastrarse como un penitente ante un altar vacío? no… no lo haría.
viland__ivan
el aire se volvió pesado, como si el mundo mismo se cerrara a su alrededor, y sus pulmones ardían con cada bocanada. corría, aun cuando las piernas le temblaban, aun cuando el suelo parecía deshacerse bajo sus pasos. hasta que la vio. allí estaba. la sombra que durante tanto tiempo lo había seguido ahora lo esperaba. su contorno era cambiante, una silueta a medio formar, casi humana, casi familiar. pero cuando extendió su mano hacia ella, el mundo pareció detenerse. la figura comenzó a quebrarse, a resquebrajarse lentamente, como un espejo que ya no podía sostener su reflejo. y cuando finalmente se desmoronó ante él, solo quedó el vacío. no había nadie. solo el eco de un recuerdo antiguo, un lugar en el que alguna vez tuvo sentido, pero del que ahora había sido expulsado. se quedó de pie, inmóvil, observando los restos de aquella ilusión desaparecer entre la oscuridad. un frío le recorrió la espalda, y comprendió, con amarga certeza, que entre los recuerdos él no era más que una farsa. un lobo disfrazado de cordero, un falso santo que había pretendido ignorar su propia culpa. y sin embargo, aun en su miseria, supo que la culpa le pertenecía por entero. porque la redención no nace del perdón ajeno, sino del reconocimiento del propio abismo.
y él, en ese instante, supo que ya no había retorno: la oscuridad que lo rodeaba no lo apresaba… era parte de él.
viland__ivan
sabía que incluso si lo intentaba, el perdón no caería sobre él como una bendición, sino como una condena. y aun si el universo se apiadara de su miseria, ¿a quién servirían sus disculpas sino a sí mismo? serían apenas un eco débil, un murmullo que se perdería en la nada, devuelto por las paredes del vacío. y de repente, la duda lo asaltó con la violencia de un golpe. ¿y si todo esto no era más que otro espejismo? ¿otra alucinación que su mente enferma se complacía en recrear, como un verdugo que se niega a dejar en paz a su víctima? ¿qué certeza tenía de estar despierto? ¿de que la oscuridad no era, en verdad, su propio pensamiento proyectado hacia fuera? entonces se rió. una risa seca, sin alegría, quebrada en su garganta. ¿quién era él para seguir soñando con algo que ya había perdido? no era nadie. apenas un eco de sí mismo, un nombre olvidado entre las ruinas de su conciencia.
ni siquiera las risas que resonaban en su cabeza le pertenecían. no eran suyas, ni lo habían sido nunca. ahora eran voces deformadas, recuerdos corrompidos de una dicha que se había ido hace tanto que ya no sabía si había existido. todo en él se reducía a melancolía: un lago inmóvil donde se ahogaban los restos de su cordura. el silencio se volvió insoportable. algo dentro de él —quizá la desesperación, quizá el deseo de entender— lo impulsó a moverse. caminó. primero con torpeza, como quien teme despertar a la tierra bajo sus pies. luego más rápido, empujado por un presentimiento. caminó, y caminó, y pronto comenzó a correr. corría sin dirección, sin destino, persiguiendo una sombra que a cada paso se alejaba un poco más, pero que lo atraía con una fuerza casi divina.