hwy-haziel
Segundo bufido del día. Haziel no estaba precisamente de buen humor. Ahora se encontraba obligado, de manera prácticamente forzosa, a participar en el club al que jamás pensó acercarse: baile. No había reunido los suficientes puntos para acreditarse en su propio club, especialmente por los últimos problemas en los que, sin querer, se vio involucrado. Y el único espacio disponible para el final del curso era, irónicamente, el de baile. Era eso o arriesgarse a verse perjudicado académicamente, y aquello no podía ser ni siquiera una opción, pues comprometería su futuro y su carrera soñada; ese objetivo por el que había tenido que buscar cualquier alternativa con tal de que su padre no interfiriera, empeñado como estaba en obligarlo a seguir sus pasos en la facultad de Derecho.
No estaba realmente atento a su entorno hasta que alguien se animó a saludarlo. Levantó la mirada y se encontró con una de sus compañeras de la clase de Cálculo. Haziel, de manera cordial, correspondió al saludo. . . al menos había alguien en ese lugar que le resultaba agradable. La conversación duró apenas unos minutos antes de que la profesora llegara para dar unas indicaciones; el primer método consistía en que era más sencillo trabajar en parejas. Aquello no le pareció nada agradable; de hecho, le resultaba más complicado. Aunque sabía bailar (no era un profesional, pero tampoco un inexperto), su historia con la danza era un tanto accidentada. Su hermana era bailarina, y en varias ocasiones le suplicó que fuera su compañero. Haziel jamás olvidaría el dolor en los pies tras cada pisotón recibido durante casi un año.
hwy-haziel
⎯⎯⎯⎯ ❛ Eres una bestia. Una bestia, pero taaan pequeña y con rabia, efectivamente. ❜ ⎯⎯⎯⎯ Su ceño se frunció, dejando claro que tal acto no le resultó gracioso ni mucho menos agradable. Impulsado por un gesto casi automático, acercó sus dedos y rozó la punta de su nariz, dándole un pequeño golpecito, apenas un empujón juguetón que no sería capaz de lastimarla, aunque probablemente no le gustara. Era una acción que siempre hacía con él. . . así reaccionaba cuando lo mordía: Haziel simplemente lo empujaba o le daba unas palmaditas en la nariz.
La escena le provocó un déjà vu, llevándolo a actuar por inercia. . . una sensación de nostalgia que no pudo controlar.
•
الرد
hwy-haziel
La observó, sintiéndose perdido ante esa peculiar acción de revolotear sus pestañas, como si dos bellas mariposas extendieran sus alas e iniciaran un suave vuelo, enmarcando a la perfección dos luminosas piedras de tonalidad cacao. También notó el carmesí de sus mejillas, un tono que, en un rápido pensamiento, describió como tierno.
Sus miradas permanecieron unidas el tiempo suficiente para percibir cómo los ojos de ella descendían apenas unos segundos, segundos en los que él siguió su recorrido visual hasta posarla en sus labios. Imaginó si serían tan suaves como parecían. Un pensamiento que lo hizo reaccionar, aunque demasiado tarde, pues en un abrir y cerrar de ojos la fémina ya se había adelantado.
Se reincorporó y, sin oportunidad de prevenir su ataque. . . ya tenía los pequeños dientes de ella hundidos en su brazo. Gruñó, esta vez con un sonido más audible y cargado de dolencia. Sí, le había dolido; no de manera excesiva, pero la ausencia de sus dientes dejó un ardor que recorría su piel. Y, claro, aquella simple mordida le había provocado una herida lo suficientemente marcada como para dejar ver un hilo de sangre.
•
الرد
hwy-haziel
Una sonrisita delataba su próximo movimiento. Se inclinó con exageración, jalando la cintura de la joven como si ambos estuvieran a punto de caer; pero antes de que ella se desplomara, Haziel subió el agarre de su cintura hasta subir a la superficie de su espalda, y la mano que unía a la de ella rompió el contacto para deslizarse nuevamente hacia su cintura, casi rozando su cadera. ⎯⎯⎯⎯ ❛ Lo siento. . . también soy muy malo en esto. ❜ ⎯⎯⎯⎯ Fingió una vergüenza descarada, su falsa torpeza, evidente por la sonrisa que le dedicó, atrapando su mirada. Debido al movimiento, la cercanía entre ambos aumentó, permitiéndole perderse otra vez en el par de ojos cafés tan relucientes; en la sombra que provocaban sus largas pestañas; en su rostro tan. . . infantil, pero a la vez delicado. La sentía tan blanda, como si en sus brazos reposara una muñeca de porcelana. Se había divertido un rato, pero que definitivamente no podría dejar caer de verdad.
•
الرد