—Siente cómo sus mejillas se tiñen de un rosa suave al ver la forma en la que la observa, tan atenta y serena, lo que hace a Malena jugar nerviosamente con sus dedos antes de prepararse para hablar con su habitual timidez.— Me alegra tanto saber que tu día terminó con un poquito más de luz a mi lado... de verdad no sabes el alivio tan bonito que me da escuchar que disfrutas de nuestras charlas y que no te sientes hostigada para nada por mi. A veces me da miedo hablar de más, pero contigo todo se siente tan natural y seguro, eso me agrada mucho, señorita Isabella. —Hace una pequeña pausa, sonriendo con ternura al ver que se acomoda un poquito más cerca de ella.— Creo que de las obras que he hecho, hay una adaptación clásica a la que le guardo un cariño sumamente especial porque mi personaje era alguien muy vulnerable, lleno de una melancolía preciosa que me hizo aprender mucho sobre mí misma. Creo que todavía guardo un pedacito de esa fragilidad en mi corazón, interpreté hace aproximadamente dos años atrás a Julieta, en Romeo y Julieta ¿qué te puedo decir? Fue precioso. Y sobre el piano y la repostería... bueno, me da un poquito de pena que me digas actriz de mil talentos, pero sí, me encanta volcar todo lo que siento en cosas que los demás puedan disfrutar, ya sea una melodía suave o un postre horneado con mucho amor.
¿Y lo mejor que me pasó hoy? Sin duda alguna, fue este momento exacto. Ver que te tomas el tiempo de instalarte tan cómodamente para escucharme y compartir tu noche conmigo es el regalo más lindo de todo mi día. ¿Y para ti, qué fue lo más bonito de tu jornada? —ella se inclina con suavidad hacia ella, sus ojos hazel atentos hacia su contraria.—