Se le ve cerca del borde del Bosque Encantado, sentado en un tronco caído, lijando suavemente el mango de un hacha pequeña. Alza la vista al notar la presencia contraria, y sus ojeras parecen suavizarse con una sonrisa tranquila.
—Ah, justo pensaba que estos alrededores estaban muy silenciosos hoy. ¿Todo bien por ahí? No sueles pasar por esta zona a menos que busques algo… o huyas de algo.
Guarda el hacha en su cinturón y se levanta sin prisa, cepillándose las virutas de madera de la camisa.
—Si es lo primero, puedo ayudar. Si es lo segundo… también. El bosque tiene sus trucos, pero yo tengo los míos.
Hace una pausa, observando el camino detrás, con mirada de guardián.
—¿Te apetece caminar un rato? Sin preguntas incómodas, solo compañía. A veces el ruido de la escuela cansa más que una noche sin dormir.