i. poséase el cadáver, ningún rastro de carne deshidratada en la diestra a comparación de la fisionomía. Llévose a la vista, el húmero; cuyo dactilares huesudos, toman la vara del violín.
ii. sálgose de él, por ciertos periodos; la verme por la cuenca ocular, reemplazando el lóbrego de su mirar por su impertinente presencia, hasta volver a reajustar el ojo donde estaba.
iii. principal instructor violinista, aunque también secundario es el piano. Compositor de temarios, jamás tienen final, cuya melancolía implícita es un reflejo del enigmático tormento.