¿cómo no recordarte, Ilyas? ¿cómo no hacerlo si vienes a mi descuidado jardín, llamándome por ese apodo que me has dedicado y destellando más que el mismísimo sol? mi girasol, aún estando en sus últimas, giró por completo hacia tu persona, reconociéndote al instante; aceptándote aunque no hay cabida para ninguna negociación, ni necesidad de implorar por piedad porque así como te has perdido de vista, también me sucedió a mí. sería bastante tonto de mi parte obligarte a caminar por la plancha solo para darte una lección de no volverlo a hacer, ¿verdad? es que sí lo he considerado por un milisegundo...... pero recapacité y, sí, no hay que llegar a tales extremos.