Se detuvo apenas un segundo para ver su rostro, para grabar el temblor, el nerviosismo, esa mezcla de deseo y sumisión. — Mírame — ordenó en voz baja, tomando su mandíbula con una mano— No apartes la mirada de mí mientras lo hago. Quiero ver cada expresión, cada suspiro. Quiero que entiendas que ya no hay vuelta atrás. Que ahora eres mío hasta lo más profundo. — Con un movimiento más brusco, abrió un poco más las piernas de Hiroshi con su rodilla y se posicionó completamente entre ellas, su cuerpo cubriéndolo, envolviéndolo como una tormenta.
—No me vuelvas a hacer dudar de ti, Hiroshi… o lo que hoy es deseo, mañana será castigo. — Se inclinó hasta su cuello, dejándole una mordida marcada, húmeda, sin pedir permiso. Luego otra, más abajo. Y otra. No buscaba complacerlo, Estaba marcándolo. — Di que eres mío, ahora. — Su voz ya no tenía paciencia, solo el deseo contenido al borde de romperse. Su mano sobre su muslo comenzó a subir con más decisión, mientras sus labios regresaban al oído del chico, soplando apenas, como una amenaza dulce. —Dímelo, o te lo voy a sacar de otra forma.
Y ahí se quedó, el cuerpo encima del suyo, el escritorio crujiendo bajo su peso, las manos posesivas, los ojos encendidos de lujuria, y la sombra de algo más peligroso detrás del deseo, el hambre de un amor que no sabía amar sin destruir.
; OTRA VEZ LO TUVE Q MANDAR EN DOS OARTES
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