Si el Cielo ha de regocijarse ante el castigo de aquellos quienes han pecado, es justo y agradable para mí, causa una enferma satisfacciòn a mi alma, hace derramar lágrimas a este perdido corazón que aún late por el dolor de su resultado.
Dice la palabra "Por lo tanto, si tu mano o tu pie te hace pecar, córtatelo y échalo de ti, porque es mejor entrar al reino de los cielos mutilado que ir a parar al infierno con las dos manos y los dos pies. Y si tu ojo te hace pecar, sácatelo y échalo a la basura." en San Mateo 18:8-9.
Ah, si el acto de eliminar al causante borrara sus acciones tal vez fuese permitido tras las puertas del paraíso, aunque de mí tan solo quedaran quizás mis recuerdos y lo que tome el Señor para perdonar. He sido tan meticuloso a la hora de mutilar mis miembros, sin dejar un dedo de mis manos libre de llaga alguna, y llegará el día en que ceda ante mi obligación (o deseo, es posible) y finalmente me arranque los ojos.
¿Y hoy? Bueno, mis tobillos no están limpios del todo, pero creo que ver los músculos bajo la piel es lo más cercano a cercenarlos que está en mi poder. Descansen los que puedan con ayuda del Señor, limpien con agua pura el mal de su cuerpo y séquense con su eterna misericordia. Los seres como yo hemos sido marcados desde el inicio como sucios, nunca cambiará, ni siquiera ante sus ojos. Pero él ama incluso a sus más repulsivos hijos, sin llegar a ser indulgente. Pues ese es trabajo de la sociedad.