kalejarodriguez

UNA NIÑA EN AUTOMATICO
          	
          	¿No les ha pasado que llevan una vida aparentemente normal… tan normal que ni siquiera cuestionan nada?
          	Pero, de un momento a otro, llega una especie de despertar.
          	
          	De repente miras hacia atrás y te das cuenta de que muchas cosas que viviste no eran como las recordabas. Antes veías todo de una manera, y ahora lo entiendes desde otra perspectiva completamente distinta. Y es ahí cuando empiezan a salir sentimientos nuevos, sensaciones que no habías notado, verdades que siempre estuvieron ahí pero que tu mente no estaba lista para ver.
          	
          	Te das cuenta de que algunas personas no eran tan buenas como parecían.
          	Que ciertas situaciones no fueron tan inofensivas como pensabas.
          	Y que, sin darte cuenta, vivías en automático… dejando que otros decidieran cómo tratarte, cómo hablarte, cómo acercarse a ti.
          	
          	Lo más doloroso llega cuando entiendes que siempre estuviste sola en muchas cosas… y que, de alguna forma, aún lo estás.
          	
          	Y entonces aparece lo más confuso: ahora que por fin comprendes lo que sentiste en tu infancia y lo que sientes hoy, no sabes qué hacer con todo eso. Una parte de ti quiere expresarlo, pero otra lo reprime… como si reconocerlo fuera demasiado.
          	
          	Y al final, después de entender tanto, descubrí algo que nunca había visto:
          	que puedo seguir adelante sin olvidar lo que viví,
          	pero también sin quedarme atrapada allí.
          	Hoy no soy la misma de antes…
          	y eso, por fin, está bien.

soncaru

@kalejarodriguez me encanta como escribes
Reply

kalejarodriguez

UNA NIÑA EN AUTOMATICO
          
          ¿No les ha pasado que llevan una vida aparentemente normal… tan normal que ni siquiera cuestionan nada?
          Pero, de un momento a otro, llega una especie de despertar.
          
          De repente miras hacia atrás y te das cuenta de que muchas cosas que viviste no eran como las recordabas. Antes veías todo de una manera, y ahora lo entiendes desde otra perspectiva completamente distinta. Y es ahí cuando empiezan a salir sentimientos nuevos, sensaciones que no habías notado, verdades que siempre estuvieron ahí pero que tu mente no estaba lista para ver.
          
          Te das cuenta de que algunas personas no eran tan buenas como parecían.
          Que ciertas situaciones no fueron tan inofensivas como pensabas.
          Y que, sin darte cuenta, vivías en automático… dejando que otros decidieran cómo tratarte, cómo hablarte, cómo acercarse a ti.
          
          Lo más doloroso llega cuando entiendes que siempre estuviste sola en muchas cosas… y que, de alguna forma, aún lo estás.
          
          Y entonces aparece lo más confuso: ahora que por fin comprendes lo que sentiste en tu infancia y lo que sientes hoy, no sabes qué hacer con todo eso. Una parte de ti quiere expresarlo, pero otra lo reprime… como si reconocerlo fuera demasiado.
          
          Y al final, después de entender tanto, descubrí algo que nunca había visto:
          que puedo seguir adelante sin olvidar lo que viví,
          pero también sin quedarme atrapada allí.
          Hoy no soy la misma de antes…
          y eso, por fin, está bien.

soncaru

@kalejarodriguez me encanta como escribes
Reply

kalejarodriguez

EL KARMA DE DIEGO
          
          Yo había estado enamorada del sobrino de mi madrastra desde que era niña. Él era el héroe que me defendía de todo, incluso de su hermana, que me trataba como si yo fuera de papel. Yo era un palillo; ella, regordeta. Él, el único que me miraba con algo de ternura. Por eso lo quise.
          
          A los catorce años reuní valor y le dije que me gustaba. Me miró… y no dijo nada.
          Después me enteré de que estaba con una chica de mi edad, una más “formada” que yo. Claro, a esa edad él prefería cuerpos, no sentimientos.
          
          Me dolió. Mucho. Pero crecí.
          
          La pubertad me arregló lo que la inocencia me había negado. De pronto, yo era la que llamaba miradas, la que hacía girar cabezas, la que él jamás imaginó que sería.
          
          Pasaron años. Él se fue, yo seguí mi vida. Y cuando volvió, reapareció como si nada, diciéndome que siempre había estado enamorado de mí. Que yo era el amor de su vida.
          Qué conveniente: ahora que ya no era un palillo.
          
          Una tarde estábamos sentados en un mueble, los dos en silencio, mirando el teléfono. Entonces abrió la boca para repetirlo: que siempre me había amado.
          
          Lo miré con calma, como se mira algo que ya no importa.
          
          —Tú fuiste el amor de mi vida cuando tenía diez años. Pero ya no lo eres. Mírate… y mírame. No somos iguales. No eres suficiente para mí. Si hubieras sido diferente cuando te dije que me gustabas, la historia sería otra. Pero llegaste tarde.
          
          Me levante
          
          Pasé mis manos por mi pecho, mi cintura, mis caderas, despacio, como quien muestra una verdad.
          
          —Esto —le dije— se llama karma, estúpido.
          
          Se quedó ahí, tragando su silencio y su arrepentimiento.
          Yo me fui, sin mirar atrás.
          
          No volvimos a hablar.
          Y él aprendió tarde que no se juega con lo que algún día puede brillar más que uno.

kalejarodriguez

¿Qué opinan sobre el tema chicos?
Reply