¿Conocen ese sentimiento de despertar después de un sueño demasiado real? Tan real que por unos segundos (eternos) crees que todo ha vuelto a ser como antes. Y te aferras a esas imágenes, a esas palabras dulces, como si pudieras sostenerlas con las manos…Y luego despiertas del todo. Se rompe la ilusión.
Siempre dije que los sueños me eran indiferentes. Cómicos, insípidos, fugaces… Demasiados falsos para ser verdad. Pero desde que ya no hablamos, desde que me borraste de tu vida, perdí el sueño.
Qué ironía, ¿no?
Tú siempre me regañabas por no dormir. "Descansa", decías.
Pero ahora tú eres lo único que no me deja cerrar los ojos. Y cuando lo logro… apareces. Como si fuera justo. Como si no fuera un golpe bajo. Demasiado bajo.
Pero no te culpo. La verdad es que siempre estoy esperando volver a hablar contigo. Aunque sé que si lo hiciera, probablemente me mandarías a la mierda. Y no te culparía por eso tampoco. Sé que me lo merezco.
El otro día soñé que me escribías.
Un simple mensaje. Un simple "buenos días". Como esos de antes… Esos que me dejaban sonriendo como idiota todo el día.
Y desperté feliz. Por un momento, creí que era real. Fui directo a revisar el celular. Y nada.
Ni mensaje.
Ni tú.
Solo el eco de un sueño y el vacío de la costumbre rota. Poco a poco tus mensajes dejaron de llegar.
Poco a poco, dejaste de estar.
Aunque sé que ya no volverás, sigo esperando que en algún rincón de tu noche… también sueñes conmigo.
— Fragmento de una de mis cartas. Nunca las firmo porque no serán enviadas, pero estoy pensando en si darles nombre, lo merecen, todos merecemos un nombre.